domingo, 28 de septiembre de 2014

La juventud de Virginia.

Canto a mi tiempo. Virginia Grutter. Editorial
Mujeres, Costa Rica, 1998.
Viginia Grütter nació predestinada a ser testigo de primera línea. Por azares del destino, estuvo en Alemania cuando empezó la II Guerra Mundial, en Cuba cuando triunfó la revolución y en Chile cuando se dio el golpe militar. Pero, además de la suerte de presenciar, Virginia tiene el talento de  narrar con fluidez y belleza todo lo vivido.
La Editorial Mujeres publicó, en 1998, la primera entrega de sus memorias titulada Canto a mi tiempo, en la que Virginia relata su infancia y adolescencia. Solo el testimonio de transformación de niña a mujer es ya de por sí interesante pero, en su caso, su desarrollo y pubertad estuvieron rodeados de todo tipo de acontecimientos políticos y bélicos.
La historia empieza en Puntarenas, donde una niña precoz y pizpireta presencia el matrimonio de su madre con un ciudadano alemán, sin que ella ni nadie pudiera sospechar las consecuencias que esa boda traería a la vida de la niña. Vienen luego los viajes a San José, la monotonía de la escuela, la  primera comunión, el aumento de la curiosidad infantil conforme avanzan los años y la consiguiente represión paterna, hasta que llega el gran acontecimiento: un viaje a Europa.
Para aquella niña, solo el hecho de cruzar todo el país, hasta Limón, ya era una aventura, pero llegaría mucho más lejos: Alemania, Francia, Suiza, Italia.
Estando en Berlín, aquella niña morena, cholita, de cabello negro recogido en trenzas y ojos achinados, jugaba en un parque con niños alemanes rubios. Todos corrieron a saludar a alguien y, tal vez por lo llamativo de ser la única morena de cabello negro entre tantas cabecitas rubias, Adolfo Hitler le dedicó a Virginia su atención, su sonrisa y hasta una caricia. Poco después estalló la guerra y su familia regresó a Costa Rica, pero su padre, solamente por ser ciudadano alemán, fue arrestado y llevado a un campo de concentración en los Estados Unidos.
Su mujer y su hija se le unieron voluntariamente y allí vivieron hasta que, por medio de un intercambio de prisioneros, fueron repatriados, sin su consentimiento, a Alemania. Vino luego la invasión y los bombardeos aliados, el caos, la destrucción, el hambre, hasta que por fin, tras mil peripecias, la pequeña familia logra regresar a Puntarenas.
De Puntarenas a Puntarenas, podría resumirse el viaje, pero cuántas cosas sucedieron entre la ida y la vuelta, cómo cambió el mundo y, principalmente, cómo cambió Virginia, que salió siendo una niña inocente y volvió como una mujercita madurada a golpes por las circunstancias.
¿Puntos por destacar en el texto? Muchísimos, pero especialmente la alegría y las ganas de vivir, siempre intensas aun en medio de las peores situaciones, la sed de amar, la unión y el sacrificio de la familia, el humor, la ironía... en fin, todo el libro es pura sustancia.
Es un libro pequeño, de apenas noventa y nueve páginas. Al hacerlo tan breve, Virginia logró entregarnos un texto en que no hay ni una palabra de más.
Quienes leímos el libro apenas apareció, esperábamos leer pronto el segundo tomo de sus memorias que, estábamos seguros, sería tan conciso, tan humano y tan bello como el primero. Ella tenía mucho que contarnos. Historias tristes, como la desaparición de su marido, arrestado por el régimen de Pinochet, o el cautiverio de su hija en las cárceles de Somoza. También, por supuesto, tenía que contarnos sus divertidas anécdotas del mundo del teatro, al que dedicó su vida. Sin embargo, Virginia murió en el año 2000 y Canto a mi tiempo fue su último libro. Sus memorias, por tanto, son solo noventa y nueve páginas que se refieren, exclusivamente, a su infancia y juventud.
Viginia Grütter. Retrato de Faustino Desinach.
INSC: 0972

1 comentario:

  1. Excelente comentario Carlos. Yo también esperaba editar con ella el segundo tomo, pero lamentablemente adelantó su partida y nos privó a todos de su "maravillosa vida" y a mí el placer de compartirla nuevamente con ella.

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