sábado, 25 de octubre de 2014

Dulcinea en el 2005.

Dulcinea del Toboso. Dibujo de Gustavo Doré.
La primera parte del Quijote fue publicada en 1605. En el año 2005, para celebrar el aniversario número cuatrocientos, yo andaba con ganas de hacer algo pero no sabía exactamente qué. ¿Escribir un artículo? ¡Se han escrito miles! ¿Pronunciar una conferencia? ¡Se han pronunciado millones.
El Quijote es un libro vivo y actual al que los profesores deforman al querer presentarlo como muerto y antiguo. Todos tenemos una vida real y, también, una vida imaginaria. A veces sentimos el impulso de hacer algo heroico, pero luego recordamos que debemos cumplir primero con satisfacer nuestras necesidades más urgentes. Dentro de cada uno de nosotros hay un Don Quijote y un Sancho Panza que dialogan antes, durante y después de cada aventura que vivimos. Si fuéramos solo Quijote sin Sancho, perderíamos todo contacto con la realidad y no podríamos detener nuestros anhelos en la línea que marca la prudencia. Si fuéramos solo Sancho sin Quijote, nuestra vida se limitaría al ir pasando, a procurarnos seguridad, abrigo y alimento sin ningún gran ideal que nos empujara a hacer una que otra locura digna de un caballero andante. La vida del Quijote, sin Sancho, sería peligrosa. La vida de Sancho, sin Quijote, sería aburrida. Los libros más grandes de la literatura son aquellos en que palpita la vida. El Quijote es la vida misma convertida en libro. 
¿Qué hacer para celebrar los cuatrocientos años de esta obra maestra? Tras mucho pensarlo llegué a la conclusión de que la mejor forma de celebrar el aniversario era haciendo una locura, ¿pero cuál? Se me ocurrió entonces hacer una película. Mi mundo han sido siempre los libros, pero tengo amigos que se dedican al cine. En algunas ocasiones me han llamado a colaborar en sus producciones como guionista y hasta como actor y me pareció interesante producir un corto con un episodio del Quijote ambientado en el 2005. Pensé, como primera opción, en el de los galeotes. Don Quijote y Sancho se encuentran con la fila de prisioneros, los liberan y acaba siendo apaleados por ellos. En mi imaginación, mi Quijote y mi Sancho caminaban por la calle y veían a la policía arrestando una pandilla de delincuentes y hacían lo mismo que en el libro con los mismos resultados. Descarté la idea por violenta y polémica. Tras considerar otros episodios, opté por el enamoramiento de don Quijote por Dulcinea. 
Para Don Quijote, Dulcinea es la mujer más bella del mundo. Para Sancho es una del montón. Solo el enamorado puede ver maravillosa a una mujer que, para otro, no tiene nada de extraordinario. Uno no se enamora de una persona real, sino de la idea de esa persona que ha creado su imaginación. Dulcinea es el nombre imaginario que Don Quijote le puso a Aldonza Lorenzo. Es angustiante, para quien se enamora a primera vista, no saber el nombre de su adorada, al punto de que si no logra averiguarlo le inventa uno. Dulcinea viene de dulce. La Dulcinea de mi película se llama Melcochita, también por lo dulce. 
La película, como verán, no es muy convencional. En solo diez minutos introduje una serie de elementos simbólicos (danza, frutas, flores, una fuente etc.) que acabaron siendo más enigmáticos que sugerentes. No voy a explicar lo que significan para mí. Que cada uno los interprete como quiera. La crítica más frecuente que he recibido sobre este trabajo es que no logran reconocer en él al Quijote, ni a Sancho ni a Dulcinea. 
En todo caso, es una brevísima historia de amor bastante ingenua en la que, en la realidad, no pasa nada y, en la fantasía, casi tampoco. 
El actor y bailarín Felipe Salazar hace de Quijote, Laffite Fernández de Sancho e Isaura Murillo de Dulcinea.
Hernán Jiménez, reconocido actor y director de cine costarricense, se encargó de todo lo técnico: cámara, edición y musicalización. El célebre y muy querido actor Álvaro Marenco, una verdadera institución en el teatro y el cine costarricense aceptó participar. Álvaro ha participado en todas las películas, tanto nacionales como extranjeras, realizadas en Costa Rica. Por eso en los créditos se consigna su "aparición imprescindible". Yo produje y dirigí la obra. No hay crédito sobre el guión ya que, en mi opinión, el guión es de Cervantes, pero no me atreví a atribuírselo. Un homenaje, ante todo, debe ser respetuoso.
Hacer esta película fue, más que una locura, una vagabundería. A mí la palabra vagabundería no me gusta. Prefiero decir zanganada. Por eso llamé a la empresa productora La Zanganada. Sobra decir que esa productora no existe. 
Sin más preámbulo, he aquí el video. Si pueden, disfrútenlo. Si no, resístanlo,son solo diez minutos.

1 comentario:

  1. Como sucede con El Conde de Montecristo o Crimen y Castigo: es el libro total.

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