jueves, 16 de octubre de 2014

La vida de Costa Rica.

Biografía de Costa Rica.
Eugenio Rodríguez Vega.
Editorial Costa Rica, 2003
Publicado originalmente en 1980, el ensayo Biografía de Costa Rica, de Eugenio Rodríguez Vega, ha gozado desde entonces de buena acogida. Fue reimpreso en ocho ocasiones y, en 2003 apareció una edición actualizada en que se incluyó un capítulo que abarca desde los años 70 hasta el cambio de siglo. El libro arranca desde la época precolombina, por lo que abarca, en total medio milenio de historia.
Aunque el prólogo el propio autor declara que el libro “nunca ha tenido mayores pretensiones, ni en el campo de la historia ni mucho menos en el literario”, lo cierto del caso es que en ambos terrenos es una obra más que respetable.  En lo histórico por lo completo de la investigación y la manera objetiva de tratar los hechos y, en lo literario, por esa prosa limpia y elegante que hace que la lectura avance con verdadero deleite. 
El propósito de la obra que, de nuevo en palabras del autor, es “presentar a los hechos y a las personas con la mayor objetividad posible, con un lenguaje sencillo que pretende llegar sin tropiezos al lector común”, se cumple a cabalidad. De hecho Biografía de Costa Rica es perfecta como primera lectura y visión general para quien quiera iniciarse en el estudio de la historia patria.
Algunos autores de la vieja guardia, al referirse a la historia de nuestro país, solían idealizar los acontecimientos hasta desfigurarlos para construir una historia tan dulce y tan rosa como un algodón de azúcar. Al desautorizarse esa versión de los hechos, una nueva generación de autores, por no caer en la misma candidez de los viejos, se ha volcado al extremo opuesto y han aparecido versiones desmitificadoras de la historia nacional tal vez demasiado atentas al lado oscuro. Biografía de Costa Rica está en el justo medio entre ambas vertientes ya que a través de sus páginas queda claro que la historia de Costa Rica no ha sido un lecho ni de rosas ni de espinas y hasta figuras tan veneradas como don Juanito Mora o don Ricardo Jiménez Oreamuno aparecen mencionadas en el libro tanto por sus grandes virtudes como por sus grandes defectos.
El eje central del libro es la construcción, establecimiento y evolución de una sociedad como conjunto y, por ello, todos los capítulos se concentran en los procesos más que en los personajes o los hechos aislados.
Esa concentración en el complejo proceso social sobre lo puramente anecdótico, salva al libro de caer en las distracciones características de los textos panorámicos de historia, como son la excesiva atención a los protagonistas, las largas listas de fechas  y acontecimientos o la siempre llamativa tentación de subrayar el dato curioso.
Sin distraerse en la letra menuda ni en la erudición de fichero, Eugenio Rodríguez con tono sereno va desenredando el ovillo de lo ocurrido en esta tierra en todos los aspectos. Dentro de la brevedad inevitable se mencionan todos los momentos clave de la historia nacional en lo económico, lo artístico, lo educativo, lo internacional y lo jurídico pero, podríamos decir que inevitablemente, lo político ocupa un lugar protagónico.
Aunque se trata de un ensayo histórico con todas las de ley, el libro tiende a ser más expositivo que interpretativo y solo en rarísimas ocasiones el autor se permite emitir un juicio de valor que, además, suele ser tan mesurado que acaba siendo una explicación más que una opinión.
El libro no pierde el tono en ningún momento y, de principio a fin se desarrolla con serenidad de criterio y elegancia de estilo.
La fluidez de la narración y la naturalidad con que se van sucediendo los diferentes períodos estimulan el interés creciente del lector.
Aunque, como ya se dijo, el libro se ocupa más del proceso en general que de los detalles en particular, a lo largo de la obra aparecen ciertas revelaciones significativas, como el hecho de que Garabito fuera en realidad el apellido del Capitán español que capturó al indígena rebelde o que a Pablo Presbere lo hayan arcabuzado porque no había “un verdugo que le sepa dar garrote”.
Importante también es el dato de que los filibusteros fueron reclutados en California, ya que, a nivel popular, ha circulado el mito de que Walker los había conseguido en su natal Tennessee. Otro hecho que además de importante es irónico, es el que durante los diez años de dictadura de Tomás Guardia, la mitad del presupuesto de la República se gastó en la construcción del ferrocarril, obra que al final, pese a todo el dinero invertido, no fue propiedad del Estado sino de la Northern Railway Company.
Importantísima la semblanza de Máximo Fernández, tal vez nuestro primer líder popular, cuya elección presidencial, contundentemente manifiesta en las urnas, fue neutralizada por una importante lista de próceres, todos ellos beneméritos, todos ellos presidentes y todos ellos con monumento.
Sorprendente la afirmación de que la obra de Brenes Mesén de 1907, En el silencio sentó los fundamentos de la poesía moderna en Costa Rica, cuando los estudios más respetados de literatura costarricense no suelen brindarle mayor importancia.
Demasiado escueta la forma en que menciona las razones de la gran huelga bananera: “los huelguistas exigen salario mínimo más alto y mejores condiciones de trabajo”, cuando lo que pretendían los trabajadores era que se les facilitara suero contra las mordeduras de serpientes y que se les pagara en dinero en efectivo y no con vales canjeables únicamente en los comisariatos de la misma compañía. Precisamente lo más asombroso de la huelga de 1934 es lo elementales que eran sus demandas.
Eugenio Rodríguez Vega. 1925-2008.
Abogado e Historiador. Académico de la Lengua.
Contralor General de la República. Rector de la
Universidad de Costa Rica. Ministro de Educación.
Premio Nacional de Cultura Magón 2005.
La problemática década de los cuarenta, con los ocho años de Calderón y Picado y todos los antecedentes, desarrollo y consecuencia de la lucha armada liderada por Figueres en 1948, Rodríguez Vega (autor además del fundamental libro De Calderón a Figueres) logra resumirla y explicarla admirablemente.
Las últimas páginas de alguna manera se limitan al recuento, ya que en ellas se menciona, por ejemplo, una larga lista de instituciones públicas con sus respectivas funciones y fechas de fundación, pero sin entrar a reflexionar a fondo sobre el fenómeno del estatismo y sus consecuencias.
Siempre en los últimos años, sorprende que mencione que los sandinistas lucharon desde Costa Rica para derrocar a Somoza, pero no consigne el hecho de que pese a la proclama de la neutralidad los contras también operaron desde nuestro territorio. 
Un acierto de este libro es el haber optado por la palabra biografía en el título, que asume a Costa Rica como un organismo vivo y, por tanto, cambiante.
Lo único lamentable de esta edición, es que en un libro de historia, en el que inevitablemente han de venir fechas, aparezca una errata en la primera línea del primer párrafo y se trate, además, de una fecha.
INSC: 1769

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