jueves, 2 de octubre de 2014

Un poema de Felipe Granados.

Soundtrack. Felipe Granados.
Perro Azul, Costa Rica, 2005.
Felipe Granados fue en vida, y sigue siendo tras su muerte, difícil de olvidar. Era ruidoso, inquieto, sarcástico, mordaz e irreverente y, aunque con frecuencia trataba de evitarlo, siempre acaba siendo el centro de atención.
Era de una honestidad transparente. De primera entrada, a quienes lo acababan de conocer, les parecía que Felipe estaba haciendo un papel, que se había inventado un personaje. Al tratarlo más a fondo y más de cerca, quedaba claro que Felipe hizo de todo en esta vida, excepto actuar.
Su risa era escandalosa y frecuente porque eran muchas las cosas que lo hacían reír. Como era un voraz lector y, además, poeta, frecuentaba los recitales, las conferencias, los encuentros literarios, las presentaciones de libros. En esas actividades encontraba siempre motivos para soltar sus sonoras carcajadas.  Cada vez que ante Felipe alguien se ponía sabihondo, dramático o vanidoso, él se encargaba de bajarlo de la nube. En los recitales de poesía, ovacionaba o abucheaba a quienes leían. Le gustaba mucho leer a Charles Bukowski quizá porque ambos tenían en común la rara característica de vivir y escribir sin ninguna pose.
Felipe, cuya vida fue, en muchos sentidos, improvisada y sin reglas, tenía sin embargo una gran disciplina para leer y para escribir. Su curiosidad por conocer mejor el mundo y los humanos que lo habitan, lo hizo explorar por todas latitudes. Su mirada atenta y profunda descubría, hasta en los detalles más simples y los sitios menos recomendables, grandes revelaciones.
Su vida fue breve. Vivió apenas treinta y tres años en que, además de amar y sufrir, llorar y reír, tuvo hijos, logró el éxito como cronista periodístico y publicó un único libro de poemas.
Hace ya bastantes años que Felipe se marchó. Lo recuerdo con frecuencia porque le tuve mucho cariño. Joan Bernal fue quien me lo presentó y juntos los tres compartimos una gran amistad y pasamos largas horas, en diversos momentos y sitios, riéndonos de todo lo que nos hiciera reír.
Una vez le dije a Felipe que la vida hay que celebrarla porque solo puede ser eterna. La idea, le expliqué, tiene su origen en un poema suyo en que se pregunta quién quiere vivir para siempre.

Who wants to live forever
                               Queen

Felipe Granados

¿Y qué si pinto
cacerías de animales feroces
y tiro la flecha
y asesino al padre
de otro clan
y reparto su carne entre todos?

¿Qué si le doy
fuego al metal
y aprendo a moverme
sobre ruedas
y conjuro a la tierra
para que nazca pan,
moho
y veneno?

¿Qué si habito
las mismas cavernas
y agujeros
de los topos mayores
y dejo a los hijos
vagar
entre las bestias
para que aprendan de ellas
la sabiduría inefable
de lo vivo
y lo muerto?

¿Qué si construyo el Olimpo
y lo lleno de dioses
repletos de defectos
y egos difíciles?

¿Y qué si dejo Itaca
y no vuelvo en mucho tiempo?
¿Qué si tenso el arco
y soy la cuerda,
la punta de la flecha
y asesino a todos
tus amantes?

Qué si voy a circo
y grito
¡Muerte! ¡Muerte!

¿Qué si sostengo
La llave del imperio
y si tomo, por ejemplo,
al caballo
y lo obligo
a romperse las rodillas
a fuerza de recorrer
todos esos caminos
que ahora no
conducen nunca a Roma?

¿Qué si soy el grumete
más feo e incapaz
de las tres carabelas?

¿Y qué si seducido
por la magia de este lugar
donde todo es nuevo
y corrompible,
corrompo
y lo añejo todo?

¿Qué si le quemo
los pies a cualquier príncipe azteca
mientras al mismo
tiempo
reduzco la cabeza
de un viajero europeo?

¿Qué si digo Satán
y digo Amor
y me declaro culpable
de ambos crímenes?

¿Qué si te condeno
a morir en la hoguera
y soy el humo,
la pira
y el verdugo?

¿Qué si grito libertad
y grito no
y te parto la cabeza
y muero odiándote?

¿Qué si quemo
las grandes bibliotecas
sin ningún tipo de remordimiento
y en ese mismo instante
guardo de memoria
y para mí
los libros quichés
el de Job
y el de los muertos?

¿Qué si fumo marihuana
en mitad de la plaza
y soy un policía
y me persigo
hasta dar conmigo
y castigarme?

¿Qué si asesino a trescientos
y busco culpables
y me suicido
y nazco
y digo: todo está bien?

¿Qué si dejo caer la bomba
y la recibo en plena frente
y pido perdón
y sonrío
y soy ceniza
y animal?

¿Qué si desnudo a una mujer
de grandes tetas
y me siento halagado
Felipe Granados. 1976-2009
Poeta y amigo inolvidable.
por el regalo de estas palabras?

¿Qué si te sirvo el café
y me lo bebo
y sientes que me debes la propina
y de doy las monedas que me sobran
y me marcho
dejándote triste
frente a otra noche
sin que pase nada?

¿Qué si llego a casa
y me encuentro conmigo
y digo: Hombre
qué tiempo
llueve
y ambos mojados?

¿Y qué si muero
y cargo mi ataúd
y digo que fui bueno
y me marcho
y digo: Buenas noches
y apago la luz?



INSC: 1976

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