sábado, 8 de noviembre de 2014

Una de vaqueros.

Cristo versus Arizona. Camilo José Cela
Seix Barral, España, 1988.
Siempre me han fascinado las historias del viejo oeste. Ese mundo de pueblos pequeños en medio de la nada, a los que los forasteros arriban una tarde cualquiera, sin que se sepa de dónde ni para qué, está lleno de misterio y de aventura. El sol, que es siempre personaje protagónico en estas historias, es tan ardiente y brillante que hace andar con los ojos medio cerrados a quienes saben que su vida depende de mantener los ojos siempre abiertos. El jinete solitario que, con pistola al cinto, mal afeitado y cubierto de polvo, cabalga hacia el atardecer en medio de un paisaje tan enorme que lo hace verse diminuto, es el mejor retrato de una vida abandonada totalmente al azar. Poco se sabe de su historia, es posible que ni él tenga claro dónde nació, quienes fueron sus padres ni cuántos hermanos tiene. Echado al mundo como un animal salvaje, su único objetivo en la vida es, simplemente, mantenerse con vida.
En el viejo oeste, el whisky se bebe de un solo trago, el póker se juega de manera suicida, los negocios se juegan como una ruleta rusa, los problemas se resuelven a balazos, la ley se impone a capricho del que manda y el amor no se ve por ninguna parte. Cenar un buen filete, tomar un baño caliente y dormir en una cama limpia con acompañante pagada, es el mayor reposo al que pueden aspirar los cowboys antes de volver a los caminos en que se encontrarán, inevitablemente, con serpientes de cascabel, sinvergüenzas y pistoleros.
No sé por qué motivo en español decimos "Viejo Oeste". Es más exacta la expresión en inglés Wild West, "Salvaje Oeste", porque aunque esa época no está tan lejana en el tiempo, fue un periodo en verdad salvaje y primitivo.  
Uno de los hechos más famosos del Viejo Oeste es el tiroteo del O.K. Corraln en Tombstone, Arizona. El miércoles 26 de octubre de 1881, a las tres de la tarde, el Marshal Wyatt Earp, junto a sus hermanos Virgil y Morgan y su amigo John Doc Holliday, mataron a Billy Claiborne, Ike y Billy Clanton y Tom y Frank McLaury. El enfrentamiento duró solamente treinta y segundos y fue un hecho desconocido durante cincuenta años hasta que, en 1931, fue mencionado en el libro Wyatt Earp Frontier Marshal, de Stuart Lake. A partir de entonces, aquel duelo a muerte ha sido reproducido en innumerables libros y películas, incluyendo la novela Cristo versus Arizona, de Camilo José Cela.
Cristo versus Arizona es un largo e ininterrumpido monólogo, sin más punto que el punto final, en que Wendell Liverpool Span (o Espana, o Aspen, ni él lo sabe porque nunca ha visto su nombre escrito), relata las historias que ha visto o le han contado sobre los cientos de personajes que han pasado por Tombstone Arizona, un pueblo cuyos habitantes presumen de saber matar y saber morir. Consideraban natural que se matara a palos a un cholo, solo por ser bizco, o a un chino, simplemente para probarla mira de un rifle nuevo. Quienes sufrían, lo hacían en silencio porque nadie estaba dispuesto a escuchar lamentos. Cuando había que castigar a alguien por un crimen, no se gastaba mucho en papeleo, una paliza, si la falta era leve, o ponerlo a dar patadas en el aire mientras moría en la horca, cuando ameritaba.  Todos vivían al lado de la muerte. Cuando el cuerpo les pedía pelea, la armaban con quien tuvieran al frente, disparaban solo por darle gusto al dedo del gatillo y el sexo no era más que otra forma de entregar la carne a la lucha. Si se les iba la mano, lo mejor era huir porque es preferible el desierto, con sus serpientes, que la cárcel, con sus piojos. Al caballo había que cuidarlo, porque lo peor que le puede pasar a un hombre es andar a pie por la vida. Cuando el recién casado repudiaba a su esposa, simplemente la abandonaba en el desierto. No le remordía la conciencia, porque sabía que no iba a durar mucho. Y al que se le moría la esposa en un viaje, si no tenía una pala, optaba por prenderle fuego para que no se la comieran los zopilotes. 
La novela no se concentra en el famoso tiroteo de 1881, aunque sí ofrece retratos descarnados de los hermanos Earp, de John Doc Holliday y de su novia, Kate Elder, Big Nose Kate, prostituta húngara que nadie supo cómo llegó hasta Arizona para convertirse en leyenda. La sucesión de percances y personajes de Cristo versus Arizona, abarcan casi medio siglo de historia, desde los hermanos Earp hasta las incursiones de Pancho Villa. Esta novela es un relato épico y bárbaro, crudo, violento, salvaje y, curiosamente, también poético.
Nunca antes me había encontrado con una imagen tan siniestra del viejo oeste como la que pinta esta novela de Camilo José Cela. De hecho, quien lea la novela, acabará considerando ingenuas e idílicas todas las películas de Western que haya visto. En Cristo versus Arizona no hay lugar para un John Wayne afeitado, correcto, limpio y con la ropa planchada. El salvaje oeste, en esta novela, es en verdad salvaje. Un padre que antes de abandonar sus hijos, tenía la costumbre de marcarlos con un hierro, como al ganado. Un hombre que estuvo a punto de matar de su mujer porque no se lavaba los pies ni la nuca (los sobacos sí, pero no lo suficiente). Un mundo en que todos están ocupados defendiendo su vida que nadie piensa en salvar su alma. En determinado momento, Wendell Liverpool Span, declara que, en lo que lleva dicho, "hay mucho de verdad, aunque metí algunas mentiras de adorno".
Tiendo a creer que las mentiras de adorno fueron las abundantes gotas de humor, de ironía y de amarga dulzura que salpican el texto para brindar algún descanso en esta retahíla interminable de pasiones y crímenes. Cristo versus Arizona es una novela impactante de un ritmo acelerado que no da tregua.
Siempre me han fascinado las historias del viejo oeste, pero fue gracias a esta novela de Camilo José Cela, que comprendí lo que esa época tuvo de salvaje.
Tombstone, Arizona, en 1891.

INSC: 0863

1 comentario:

  1. Es irónico. Las verdaderas descripciones de lo que fue en verdad el Salvaje oeste y todo ese mistisismo que encierra, no provienen del mismo lugar de donde son. Ese reflejo de ese posible verdadero oeste, se puede reflejar en las películas no hollywoodenses sino en la visión que tuvieron los cineastas europeos en Spaguettis Westerns (Italia) Chorizo Westerns (España). Incluso hay peliculas alemanas, todas en su mayoría de la decada del 60. Es un interesante que a esta corriente se les una esta novela Cristo Versus Arizona, escrita por otro europeo.

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