sábado, 22 de noviembre de 2014

Costa Rica en los años 50.

Solamente una vez. Eduardo Oconitrillo
García. Editorial Costa Rica, 2003.
Este es un libro interesante pero extraño. De primera entrada parece un libro de memorias, luego una crónica de acontecimientos y, finalmente, una lista de hechos. No queda clar qué era exactamente lo que pretendía lograr Eduardo Oconitrillo García al componer este libro ni tampoco a qué clase de público era su intención dirigirse.
Nacido en San José, en 1934, además de su profesión de economista, Oconitrillo ha llegado a convertirse en un respetable investigador histórico gracias a numerosos trabajos de investigación, dentro de los que destacan su libro sobre los hermanos Tinoco y las biografías que escribió de Alfredo González Flores, Rogelio Fernández Güell, Julio Acosta y Ricardo Moreno Cañas.
Con menor notoriedad e impacto, el autor ha incursionado también en la narrativa y tiene dos novelas publicadas: Un tango llamado nostalgia (1990) y Un dictador en el exilio (2001).
Como historiador, Oconitrillo es cuidadoso con los datos y ciertamente ameno en la exposición, aunque a veces suele adoptar una actitud emocional ante los hechos y ese desliz lo ha llevado, en más de una ocasión, a adoptar una actitud acrítica. Su biografía de Julio Acosta, por ejemplo, desde el mismo título El hombre de la providencia, despierta la sospecha de que se trata de un acto de veneración más que de un estudio objetivo. Tras la lectura del libro, de hecho, la sospecha se confirma.
Su libro Solamente una vez es, como ya se dijo, interesante pero algo extraño. Es presentado como "crónicas" y viene dividido a capítulo por año. El primero dedicado a 1952 y el último a 1963.
El libro empieza en el momento en que el autor se gradúa de bachiller en el Liceo de Costa Rica y termina cuando inicia los preparativos para su boda. De primera entrada, repito, parece un libro de memorias, pero tal parece que el autor, ya sea por timidez o discreción, se niega a convertirse a sí mismo en personaje y a utilizar su propia vida como trama. El dilema, planteado en la introducción misma, lleva a un resultado indefinible.
Si alguien cree que sus memorias merecen ser conocidas, pues que las escriba y las publique. Si, por el contrario, considera impropio hablar de sí mismo, pues que guarde silencio. Pero la decisión hay que tomarla, cosa que no sucedió en este caso.
Aunque arranca con sus recuerdos personales del fin de la secundaria, pronto el narrador se invisibiliza y cede el paso al recuento de lo que ocurría en la época, tanto a nivel nacional como universal. De hecho, salvo unas cuantas anécdotas más que esporádicas, las únicas menciones que hace Oconitrillo sobre su vida se refieren a su experiencia estudiantil y laboral.
Una vez descartada la posibilidad de que se trate de un libro de memorias, da la impresión de que la obra lo que busca es retratar una época, posibilidad que pronto también llega a descartarse.
Solamente se debe pretender ser exhaustivo cuando se dispone del espacio para lograrlo. Oconitrillo, al hacer el recuento de lo que ocurre año con año, trata de ser minucioso y, al mismo tiempo, de abarcarlo todo, desde las luchas electorales hasta la canción de moda, desde los hechos locales mínimos hasta los grandes sucesos internacionales.
Esa pretensión de no dejar nada por fuera, lo que logra es una inmensa dispersión, al punto de que son muchas las páginas en que se habla de un tema distinto en cada párrafo. Más que una crónica, el libro va convirtiéndose en una lista. Son realmente pocos los asuntos referidos que van más allá de una simple mención. El más amplio es la célebre estafa con exportaciones de café de Emil Savundra, a la que dedica varias páginas. Los encuentros de fútbol y los estrenos de cine son los dos temas recurrentes año con año.
Surge entonces la duda de a quién pretendía dirigirse Oconitrillo con esta obra. Aunque el libro está dedicado a sus nietos, lo cierto del caso es que hablarle a las nuevas generaciones de futbolistas, políticos o estrellas de cine que no conocieron, sin brindarles mayores referencias, es como hablarles en otra lengua. El vistazo rápido que se ofrece de la época, más que a los nietos, podría ser de interés para quienes sean capaces de recordar los hechos y, por ello, no necesiten que los personajes o las circunstancias les sean presentados.
Imaginémonos a alguien de la edad de los nietos del autor leyendo que en las elecciones de 1962 el partido Liberación Nacional obtuvo 192.850 votos, el Republicano Nacional 135.533 y el Acción Democrática Popular 3.339, para, en el párrafo siguiente, enterarse que, en enero de 1962, se estrenó Juicio de Nurenberg con las actuaciones de Spencer Tracy, Burt Lancaster, Richard Widmark, Marlene Dietrich, Maximilian Schell, Judy Garland y Montgomery Clift y encontrarse, en el párrafo siguiente, que Alvarito Murillo volvió a vestir la camiseta del Orión, en un partido en el que alternó con el delantero Guido Peña.
Otra observación que debe hacerse es que pese a su concentración en los datos, en el libro aparece un buen número de inexactitudes, algunas verdaderamente notorias y una que otra realmente simpática. 
Como botón de muestra valdría llamar la atención sobre el siguiente párrafo de la página 142: "Los gobernantes comunistas de la Alemania Occidental, desesperados por la huida de refugiados al lado este, comenzaron a construir un muro en Berlín, que dividiría a las dos Alemanias."
En cuanto a la primera parte, está al revés: la Alemania comunista era la oriental y los refugiados huían al oeste. En cuanto a la segunda parte, el muro no dividió las dos Alemanias, sino solamente a la ciudad de Berlín que, aunque quedaba en el este, tenía un sector de administración occidental.
Solamente una vez, pese a lo rápido del recuento, no deja de ser una lectura interesante y un ejercicio de nostalgia que podrán disfrutar quienes estén al tanto de los hechos y sean capaces de descubrir los gazapos.

INSC: 1765

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