domingo, 16 de noviembre de 2014

La vida en Costa Rica.

La vida en Costa Rica. John y Mavis
Biesanz. Ministerio de Cultura.
Costa Rica, 1975.
John y Mavis Biesanz, marido y mujer, ambos nacidos en Minessota y ambos con un doctorado en Sociología, trabajaron en Costa Rica de 1941 a 1944 como profesores de la Escuela Normal en Heredia. 
Eran los tiempos convulsos de la II Guerra Mundial y, a nivel doméstico, los años del controversial gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia. 
Además de dar clases, los dos sociólogos decidieron hacer un estudio, metódico y estadístico, sobre la vida en Costa Rica, por lo que acabaron convirtiéndose en dos gringos preguntones para sus vecinos. Plantearon cuestionarios, realizaron encuestas, tabularon los resultados y, finalmente, analizando los datos y aportando sus propias impresiones, escribieron el libro Life in Costa Rica, que fue publicado, en inglés, supongo que en una edición pagada por los propios autores, por la librería e imprenta Lehmann, en San José, en 1944 y, al año siguiente, por Columbia University Press, en New York.
Alguien podría pensar en un paralelismo entre el libro de los Biesanz, sobre Costa Rica en los años cuarenta, y El Costarricense, de Constantino Láscaris, sobre la Costa Rica en los años sesenta. Sin bien ambos libros tienen en común el haber sido escritos por autores de otra nacionalidad residentes en Costa Rica, la verdad es que son obras totalmente distintas. Láscaris solamente observó, meditó, sacó conclusiones y escribió sus impresiones personales. Los Biesanz, como se dijo, realizaron entrevistas e investigaciones de campo. Ambos libros, el de Láscaris y el de los Biesanz, brindan interesantes retratos de nuestro país que, conforme pasa el tiempo, van ganando valor como documentos históricos.
En la nota mencioné que para los ticos de los setenta, leer las páginas del libro de Láscaris era como asomarse al espejo, pero que para los ticos de hoy es como mirar una foto desteñida por el tiempo. Para seguir con la analogía, leer el libro de los Biesanz es como ver el álbum de fotos de los abuelos.
La década de los cuarenta no está tan lejana en el tiempo y resulta verdaderamente asombroso descubrir, gracias al libro de los Biesanz, cómo ha cambiado la forma de vivir en nuestro país. No me refiero a lo evidente, como las mejoras tecnológicas o el aumento de la población y el crecimiento de las ciudades, sino a las facetas más cotidianas de la vida. 
John Biesanz (1913-1995) y su esposa
Mavis Biesanz (1919-2008)
Según el libro, en todas las casas, tanto de ricos como de pobres, se cultivaban en el patio plantas medicinales y las señoras de entonces sabían preparar con ellas remedios para curar cualquier enfermedad. Las mujeres se levantaban a las cuatro de la mañana para encender el fuego, moler el maíz de las tortillas y preparar el café. Los hombres se levantaban a las cinco, porque entraban a trabajar a las seis, y los niños a las seis, porque entraban a la escuela a las siete. La cena se servía a las cinco y media de la tarde y a las ocho ya todos estaban en la cama. La vida social, se limitaba a hacer visitas a parientes. Los jóvenes enamorados se miraban y sonreían de lejos en el parque mientras escuchaban la música de la banda y cuando un muchacho obtenía el permiso de visitar a su novia era porque el asunto iba en serio. Había pocas oportunidades de trabajo para las mujeres, quienes trabajaban en los campos, eran dependientes de tienda, empleadas domésticas o, las que podían estudiar, maestras de escuela. Sin embargo, las mujeres de todas las clases sociales solamente trabajaban mientras eran solteras y, una vez casadas, se dedicaban exclusivamente al marido y los hijos. A los Biesanz les sorprende que sus estudiantes, muchachas inteligentes y cultas, estaban convencidas de que lo más conveniente era que la mujer no votara. Las madres regañaban a los hijos por comer frutas, ya que imperaba la idea de que eran pura agua y no alimentaban. El entretenimiento más popular de los varones (demostrado con estadísticas) era el billar, que hoy casi nadie juega. Cuando una mujer iba a dar a luz, para que el parto fuera rápido y sin complicaciones, se ponía el sombrero del marido al revés. En el capítulo que se refiere a la religión, los Biesanz, americanos en tiempos de guerra, se apartaron de las observaciones sociológicas rigurosas y señalaron el hecho de que en el clero costarricense hubiera muchos sacerdotes italianos y consideraron peligroso que los profesores del seminario fueran alemanes. 
The people of Panama.
John y Mavis Biesanz.
Columbia University Press,
1955. Ignoro si existe una
versión en español.
La vida en la Costa Rica de hoy, es muy distinta a la de los años cuarenta que describen los Biesanz. Al terminar su contrato en Costa Rica el matrimonio trabajó en diferentes universidades: Pittsburg, Pennsylvania; Tulane, New Orleans, San Marcos de Guatemala y la Universidad Nacional de Panamá, durante cuya estadía escribieron un libro similar al dedicado a Costa Rica titulado The people of Panama, publicado por Columbia University Press, en 1955. Su último lugar de trabajo fue en Waine State University, de Detroit, Michigan.
Al retirarse, en 1971, decidieron venirse a vivir a Costa Rica. Su libro fue totalmente desconocido para los costarricenses durante tres décadas, hasta que en 1975 fue traducido por Carlos Francisco Echeverría y publicado por el recién creado Ministerio de Cultura.
Un dato que siempre me ha llamado la atención es que tanto El costarricense, de Láscaris, como La vida en Costa Rica, de los Biesanz, fueron publicados en el mismo año, 1975, pero en el libro de Láscaris se menciona el de los Biesanz en la bibliografía. Tal vez don Constantino lo leyó en inglés.
La señora Mavis con frecuencia publicaba artículos en los periódicos y siempre, bajo su nombre, se presentaba como la autora de La vida en Costa Rica.
Cuando llegaron por primera vez a Costa Rica, ambos eran muy jóvenes: John tenía veintiocho y Mavis veintidós. Fue su primer viaje fuera de los Estados Unidos. Los tres años que pasaron en nuestro país debieron haberles gustado mucho, puesto que decidieron vivir sus últimos años y ser sepultados aquí.

INSC: 0631

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