miércoles, 28 de enero de 2015

Óscar Bakit en sus Cuentos Mariachis narra su testimonio de la Guerra Civil de 1948.

Cuentos mariachis. Óscar Bákit.
Editorial Costa Rica, 1991.
Es importante hacer la aclaración de que los Cuentos Mariachis de Óscar Bakit no tienen nada que ver con un alegre grupo de músicos mexicanos. En 1948, cuando estalló la guerra civil en Costa Rica, el gobierno reclutó a numerosos trabajadores de las regiones costeras para que vigilaran la ciudad capital. Aquellos hombres, oriundos de tierras cálidas y soleadas, temblaban  al tener que pasar la noche a la interperie. Para protegerse del frío de San José, se calaban hasta las cejas sus sombreros de ala ancha y se arropaban con una cobija. Vista de lejos, su silueta similaba la de un charro envuelto en un sarape. De ahí surgió el apodo de mariachis. El Doctor Rafael Ángel Calderón Guardia gobernó de 1940 a 1944 y lo sucedió don Teodoro Picado de 1944 a 1948. Esas dos administraciones fueron conocidas posteriormente como el régimen de los ocho años, contra el que se alzó en armas don Pepe Figueres. 
En Costa Rica, desde entonces, se llama mariachi a los partidarios del bando perdedor de la contienda, es decir, a quienes apoyaban a Calderón y Picado. Óscar Bakit, además de pintor, escultor, escritor y publicista, era mariachi y, en este libro, relata su testimonio personal sobre el conflicto y las duras consecuencias que este hecho histórico nacional generó en su vida. 
El gran valor del libro radica precisamente en ser un testimonio personal de alguien que militó en el bando perdedor. La historia la escriben los ganadores, mientras los perdedores guardan silencio. Ya se trate de la Guerra Civil costarricense o de cualquier otro conflicto humano, la versión de los ganadores se impone y se repite, mientras que la versión de los perdedores es ignorada al punto que, con el tiempo, llega a ser desconocida.  Al estudiar determinado hecho histórico, uno puede encontrarse decenas o centenares de libros que dicen lo mismo con distintas palabras y solamente muy pocos que miran los hechos desde otra perspectiva.
Por otra parte, la historia la escriben los investigadores, no los protagonistas. Siempre me ha intrigado que la versión de historiadores que no vivieron los hechos, goce de mayor credibilidad que la de los ancianos que los recuerdan. Los libros de Historia quedan en la biblioteca y los cuentos del abuelo terminan olvidándose.
Quizás consciente de estas circunstancias, Óscar Bákit empieza su libro de una manera verdaderamente atípica. "A usted que ya empezó a leer esto" dice en las primeras páginas "le recomiendo que no siga adelante. Nada de lo que afirmo en este libro se puede probar."  Y más adelante agrega: "Si a alguien se le ocurre hacer una afirmación contando los hechos que ha vivido, pero de los cuales no tiene más documentos que su propia vida, los historiadores se levantarán olímpicamente y dirán: Eso no es Historia."
Bákit era un joven estudiante de Derecho que trabajaba en el Ministerio de Gobernación en los tiempos de Calderón Guardia. Cuando llegó a la presidencia don Teodoro Picado (profesor suyo en la facultad) lo trasladaron a Relaciones Exteriores. Pudo presenciar en primera fila varios entretelones del complicado fin de la administración Picado. Don Teodoro, por la confianza que le tenía, lo envió en misión especial y secreta a Guatemala para entrevistarse con el Doctor Arévalo. Cuando estalló el conflicto armado, Bákit presenció situaciones que relata tal y como las recuerda, con generosas menciones de detalles y de nombres. Allí aparecen don Fernando Soto Harrison, don Julio Acosta y el escritor Carlos Luis Fallas, entre otros. Cuenta también su encuentro personal con don Pepe Figueres cuando entró victorioso a la Casa Amarilla. 
Poco antes del triunfo definitivo de don Pepe, el Doctor Calderón Guardia y don Teodoro Picado, junto con sus familias y colaboradores más cercanos, abandonaron el país rumbo a Nicaragua. Muchos mariachis los siguieron, entre ellos Bákit quien llegó a Managua con un colón y veinticinco céntimos en el bolsillo.  En Nicaragua, los mariachis pasaron verdaderas necesidades que fueron capaces de sobrevivir gracias a la ayuda recíproca. El que conseguía un trabajo, así fuera muy modesto y mal pagado, ayudaba en lo que podía a los otros. A Bákit en un par de ocasiones lo echaron de la pensión en que vivía por no poder pagar la pieza y sus primeras noches en la ciudad de Granada durmió en una banca del parque de la estación.
Gracias al apoyo del artista Rodrigo Peñalba, Bákit obtuvo un puesto como profesor, hizo amigos y, a pesar de la amargura de no estar en su patria, teniéndola tan cerca, tal parece que hizo amigos y disfrutó su tiempo en Nicaragua.
El Doctor Calderón Guardia, con el apoyo de Anastasio Somoza realizó dos intentos armados para retomar el poder, uno en diciembre de 1948 y otro en 1955. Ambos fracasaron y poco a poco los mariachis retornaron a Costa Rica. De vuelta en San José, Bákit montó su agencia de publicidad y denuncia que sufrió alguna persecución política que, sin embargo, no le impidió lograr buenos contratos con instituciones del Estado. 
Bákit tiene versiones muy particulares sobre diversos hechos. Menciona que el Doctor Moreno Cañas iba a ser candidato en las elecciones de 1940, un rumor que circuló con fuerza en su momento, pero del que no hay evidencia documental. Afirma que el movimiento armado de Figueres contó con el apoyo de la oligarquía para derogar las Garantías Sociales y que en las filas del movimiento lucharon cientos de mercenarios de varios países del Caribe. Ambas afirmaciones son falsas. Las Garantías Sociales no solo no fueron derogadas sino reforzadas por Figueres y los combatientes no costarricenses del bando figuerista fueron solamente dieciocho. Por haberse encontrado por casualidad a don Gonzalo Facio en Managua, Bákit sostiene la tesis de que hubo un arreglo entre Figueres y Somoza contra los mariachis, una posibilidad que, más que remota, es absurda. En el libro hay numerosas inexactitudes fácilmente refutables. El tono en que están escritas las historias es en ocasiones apasionado y vehemente. Bákit no disimula ni sus simpatías ni sus antipatías. En un libro de historia, escrito por un investigador metódico, cuidadoso, desprejuiciado y desapasionado, estos deslices serían criticables. Pero en un testimonio personal la pasión, la inexactitud y las afirmaciones contundentes sin respaldo documental son más bien méritos dignos de destacar. No importa que sea subjetivo y apasionado porque, a final de cuentas, dice lo que piensa y lo que siente. No importa que sostenga suposiciones que el tiempo y los hechos demostraron ser falsas, si en verdad eso era lo que creía. Nadie, por otra parte, puede discutirle a una persona lo que vivió o presenció. 
Aparte de su valor como documento histórico y testimonio personal, el libro de Bákit está lleno de historias fascinantes. Las anécdotas son sabrosas e inagotables. Bákit fue gran amigo de Manolo Cuadra y fue huésped de Yolanda Oreamuno en México. Un relato que me impresionó profundamente es el de un joven tico que dejó embarazada a su novia nica cuando ambos tenían apenas quince años de edad. El hijo se casó antes de cumplir los dieciséis y la primera hija de su matrimonio se casó a los trece. Debido a tal precocidad, el tico amigo de Bákit fue bisabuelo a los cuarenta y seis años de edad.
Como aficionado a la historia, me gusta leer investigaciones bien fundamentadas pero también disfruto enormemente prestarle atención a los recuerdos de los señores mayores.  Ellos no se andan con muchas prudencias a la hora de compartir su versión de la historia y, además, saben contarla con pasión.
INSC: 0955



1 comentario:

  1. América Latina tiene una historia asombrosa; sólo deseo que, algún día, ocupe el puesto acorde a su gente y a las heridas históricas que le infligieron.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...