miércoles, 27 de abril de 2016

Artículos de Julio Suñol.

La Rosa de los Vientos.
Julio Suñol Leal.
Editorial Costa Rica, 1988.
Con apenas dieciocho años de edad, Julio Suñol Leal (1932-2011) formó parte del primer equipo de redactores del diario La República, fundado en 1950. Hombre de gran actividad, fue electo diputado por una papeleta independiente en 1962 y, años después, desempeñó el cargo de Embajador de Costa Rica en Venezuela, Perú, México y la Organización de Estados Americanos. El periodismo, sin embargo, fue siempre la gran pasión de su vida. Primer presidente del Colegio de Periodistas (1969-1970) laboró, en distintos puestos y distintas épocas, en prácticamente todos los medios de comunicación del país. En muchos de ellos, llegó a ocupar el cargo de director.
Sabía ser tanto solidario como combativo. Gran amigo de Pedro Joaquín Chamorro, sumó su voz a la lucha contra la dictadura en Nicaragua. Enemigo declarado de Robert Vesco,  libró una gran batalla contra él que, a la larga, ocasionó la desaparición del Diario de Costa Rica y de La Hora.
Autor de cinco novelas, publicó además una innumerable cantidad de ensayos, reportajes, investigaciones y artículos de opinión. Muchas de sus notas fueron desataron verdaderas tormentas. Sin embargo, al presentar una recopilación de sus artículos en el libro Rosa de los Vientos, publicado por la Editorial Costa Rica en 1998, optó por evitar temas polémicos.
La obra, verdaderamente amena, está divida en tres apartados. El primero, sobre recuerdos y anécdotas personales, el segundo sobre reseñas de libros y el tercero y último sobre notas de viajes.
Empecemos por el final. Por su trabajo como diplomático y periodista, Julio Suñol tuvo oportunidad de recorrer todo el mundo. Residió por largas temporadas en distintos países de América Latina, realizó varias giras europeas y llegó a viajar a la Unión Soviética, Japón y China. Fue atendido por personalidades de alto rango, entre ellos el líder ruso Leonid Breznev.
Sin embargo, las crónicas de viaje incluidas en el libro, pese a ser de agradable lectura, no son reveladoras ni sorprendentes. Hay más datos que impresiones personales.
La sección de anécdotas, con la que abre el libro, son mucho mejor logradas. El relato del asalto y casi secuestro que sufrió en Haití se lee con verdadera tensión. En varios momentos, parece que aquello iba a acabar en tragedia y lo único que mantiene viva la esperanza de un final feliz es el hecho de saber que vivió para contarlo.
Dedica, naturalmente, varias remembranzas a su gran amigo Carlos Andrés Pérez. Cuando Carlos Andrés estuvo exiliado en Costa Rica, trabajó como periodista y Julio Suñol fue su jefe. Las dos veces que Carlos Andrés fue presidente de Venezuela, Suñol le presentó credenciales como embajador de Costa Rica. 
Quienes gusten de las conspiraciones disfrutarán el relato Se cierra el círculo. En 1956, dos cubanos fueron hallados muertos cerca del Volcán Irazú. Suñol y Carlos Andrés Pérez fueron los primeros periodistas en darle cobertura a la noticia y, por ese simple hecho, llegaron a ser considerados sospechosos de haber realizado el crimen. Treinta y cinco años después, en una recepción en Caracas, mientras conversaba con un general venezolano, se menciona el tema. El militar, que había sido agregado a cargo de espionaje en la embajada de su país en Costa Rica, durante los tiempos de Pérez Jiménez, estaba al tanto de todo y había tenido su cuota de responsabilidad en el asunto. Los cubanos eran unos asesinos contratados por Fulgencio Batista y Anastasio Somoza cuya misión en Costa Rica consistía en matar a don Pepe Figueres y a Rómulo Betancourt, pero el plan fue descubierto y los madrugaron.  
Bastante tenso y lleno de intrigas es también el episodio en que un siniestro personaje llegó de noche a la redacción del periódico supuestamente para asesinar a Carlos Andrés pero, veinte años después, descubrieron que el objetivo del sicario era matar al general Juan Domingo Perón, que entonces estaba en Panamá, y la visita a los periodistas tenía como objetivo solamente tenerlos de testigos de su presencia en San José. 
Pero el apartado que me parece más valioso es el de reseñas de libros. Julio Suñol comentó El general en su laberinto y El amor en los tiempos del Cólera, de Gabriel García Márquez, así como El nombre de la rosa, de Umberto Eco, cuando apenas habían salido de imprenta. Sus comentarios sobre personajes de la historia de Costa Rica, como Rogelio Fernández Güell, Ricardo Jiménez, Otilio Ulate o Florencio del Castillo son verdaderamente valiosos y el artículo sobre Scott Fitzgerald despierta interés en repasar su obra.
Al comentar libros, Julio Suñol no evalúa, ni emite juicios de valor, ni etiqueta las obras, ni las ubica dentro de categorías, tendencias o generaciones. Simplemente, comparte sus impresiones como lector atento y entusiasta. La crítica literaria académica, con todos sus marcos teóricos y referencias, no interesa al público en general y permanece encerrada en la burbuja de la Facultad de Letras. La crítica literaria periodística, más amigable y accesible a cualquier lector curioso, en Costa Rica ha sido, lamentablemente, muy esporádica. 
Julio Suñol, además de periodista combativo, fue también un hombre de amplia cultura general que tenía la habilidad de hacer contagiosa su pasión por la literatura.
INSC: 1317

1 comentario:

  1. Excelente reseña acerca de don Julio. Dónde se pueden conseguir sus libros, especialmente su ensayo "Vesco compra una república"?

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