jueves, 28 de abril de 2016

Mujeres ensayistas costarricenses.

Antología Femenina del Ensayo.
Leonor Garnier. Ministerio de
Cultura Juventud y Deportes.
Costa Rica, 1976.
No se supone que la producción literaria o académica sea antologada por separado si ha sido escrita por hombres o por mujeres. Sin embargo, dicha práctica no solamente ha sido común, sino hasta necesaria. Las mujeres escritoras, con frecuencia ignoradas por quienes hacen antologías, han debido buscar la manera de compensar esa discriminación.
En 1972, Luis Ferrero Acosta publicó su antología de Ensayistas costarricenses, en la que no incluyó ni una sola mujer. Cuatro años después, en 1976, Leonor Garner publicó Antología Femenina del Ensayo, en la que solamente aparecían mujeres. Siempre he sospechado que el libro de Garnier surgió como una respuesta al de Ferrero. Ambas obras, en todo caso, comparten la misma limitación, aunque no con el mismo propósito. 
Mientras en el primer caso, al incluir solamente varones, por un descuido que no sabemos si fue casual o voluntario, se  acabaron ignorando obras de importancia. En el segundo caso, al tomar en cuenta solamente a mujeres por un criterio establecido deliveradamente, la intención no era ocultar a un sector, sino más bien mostrar al que no había recibido la atención que merecía.
No se trata de un asunto solamente de género. Con frecuencia las antologías incluyen solamente a autores consagrados y, por ello, también como reacción a ese criterio, los escritores jóvenes o debutantes son antologados en obras aparte. Uno, como lector, desearía que quienes hagan compilaciones opten por un criterio amplio en vez de restringido. Mientras haya discriminación, será necesario contrarrestarla, pero hay que mantener la esperanza de que esa práctica quede pronto en el pasado. No me parece conveniente ni apropiado el crear listas aparte y creo que combatir fuego con fuego no es la mejor forma de apagar un incendio. La discriminación, sobra decirlo, se combate con integración.
Antología Femenina del Ensayo incluye escritos de diez escritoras, todas ellas nacidas en Costa Rica en el siglo XX. Mientras en el libro de Ferrero, el tema recurrente era el patriotismo y el nacionalismo, el tema recurrente en el de Garnier es la educación y la crítica literaria.
Emilia Prieto, además de un nota sobre el concho, en que critica la actitud arrogante de los habitantes de la ciudad al referirse a las personas del campo, comenta la novela Gentes y Gentecillas de Carlos Luis Fallas.
Lilia Ramos.
Lilia Ramos ofrece un encantador reportaje sobre recuerdos del San José de antaño asociados a la familia del poeta Jenaro Cardona y comparte, además, recuerdos personales sobre la obra y figura de su amiga Yolanda Oreamuno.
Emma Gamboa, además de reflexionar sobre educación, hace un sentido homenaje a su maestro Omar Dengo. Maragarita Castro Rawson, plantea consideraciones de crítica literaria sobre el costumbrismo costarricense. Virginia Sandoval de Fonseca se refiere, de manera teórica, a las características de la prosa y critica el uso del humor en los cuentos de Magón. María Rosa Picado de Bonilla analiza la poesía de Isaac Felipe Azofeifa, Inés Trejos de Montero se refiere a periodismo y política y María Eugenia Bozzoli brinda un estudio antropológico sobre el pueblo indígena Quepo.
De Yolanda Oremuno se incluyen ¿Qué hora es? y El ambiente tico y los mitos tropicales. Dos clásicos.
Los escritos de María Eugenia Dengo de Vargas son los más breves y personales. En el género de ensayo no se trata de demostrar un punto, sino de reflexionar alrededor de él. Los de Carmen Naranjo son propuestas que invitan al lector a prestarle atención a ciertos temas, sobre los cuales ella propone un planteamiento pero no impone una conclusión. 
La tendencia, que lamentablemente es cada vez más común, de llamar ensayo a lo que en realidad es una investigación metódica, impersonal y llena de citas, está presente tanto en el libro de Ferrero como en el de Garnier. En ambos casos, al final. Los textos de José Luis Vega Carballo, en Ensayistas costarricenses, y de María Eugenia Bozzoli, en Antología Femenina del Ensayo, son definitivamente estudios profusamente justificados y documentados pero, precisamente por ello, no cumplen plenamente con las características del género de ensayo. Les falta lo subjetivo, la sana dosis de opinión, la argumentación que, más que demostrar científicamente, busca convencer con argumentos.
Todas las antologías acaban siendo criticadas por sus inclusiones y exclusiones, que bien pueden ser involuntarias. En el libro de Ferrero, Ensayistas Costarricenses, al no incluir obras escritas por mujeres, se dejó por fuera a Carmen Lyra. Leonor Garnier, en Antología Femenina del Ensayo, tampoco la incluyó.
INSC: 1407

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