domingo, 7 de agosto de 2016

País de Balcones. Poesía de Alberto Baeza Flores.

País de balcones. Alberto Baeza Flores.
Editorial Costa Rica,  1984.
El poeta chileno Alberto Baeza Flores (1914-1988) fue un escritor prolífico y errante. Llegó a publicar casi cien libros en diez países distintos. Los primeros veinticinco años de su vida los pasó en Santiago de Chile, su ciudad natal, los cuatro siguientes en La Habana, Cuba. Residió luego durante dos años en Santo Domingo, República Dominicana, tras los cuales regresó a Cuba, donde se mantuvo quince años más, alternando entre Oriente y La Habana. Vinieron luego seis meses en México, cinco años en París, poco más de un año en Madrid y once años en La Catalina, Birrí, de Santa Bárbara de Heredia, Costa Rica, de 1967 a 1978.
Mucho antes de residir en Costa Rica, en 1953, el editor argentino Rafael M. Castillo le encargó a Baeza que seleccionara poetas centromericanos para que sus obras fueran publicadas dentro de la colección Brigadas Líricas. Gracias a la recomendación de Baeza el libro Zona en territorio del alba, de Eunice Odio, fue publicado en Argentina. Eunice, costarricense desconocida en su patria, había publicado en Guatemala y El Salvador y fue calificada por Baeza como "la voz lírica más original de Centroamérica."
En Costa Rica, Baeza Flores publicó varios libros. Un extenso ensayo titulado Evolución de la poesía costarricense, una biografía de Simón Bolívar editada por el Ministerio de Cultura y sendos libros en que hizo el elogio de Daniel Oduber Quirós y Luis Alberto Monge Álvarez. En 1969 imprimió en San José un poemario titulado Continuación del mundo, dentro del cual venía la sección Poemas costarricenses. Finalmente, en 1984, cuando ya Baeza se había marchado del país, la Editorial Costa Rica publicó País de Balcones que, como indica su subtítulo, recoge y amplía sus Poemas costarricenses de 1969.
El libro, dedicado a su buen amigo y vecino Luis Alberto Monge, es una colección de poemas breves rimados que, en la mayoría de los casos, no pasan de ser apuntes, chispazos exclamativos fruto de primeras impresiones.
De primera entrada, llama la atención lo extraño del título ya que, como es sabido y notorio, los balcones no son un elemento frecuente en la arquitectura costarricense. El propio autor, en el extenso prólogo con que abre la obra, se detiene a explicarlo. Como su casa estaba situada en las montañas altas de Heredia, consideraba que vivía en un balcón por el que se asomaba a un panorama amplio.
Tal parece que durante los once años que vivió en Costa Rica, Alberto Baeza Flores recorrió todo el territorio nacional, ya que hay poemas a Bagaces, Siquirres, Puerto Limón, Puntarenas, Palmares, Grecia, la isla de San Lucas, el Cerro de la Muerte y Golfito. El que dedica a Mansión de Nicoya, por cierto, tiene un pequeño error histórico porque, al final, afirma que por la única calle de Mansión, "(...) deambuló un profeta de siglos que se llamó Martí y (...) caminó un héroe misterioso que se llamó Maceo", Antonio Maceo vivió en Costa Rica durante una década y fundó una colonia agrícola de cubanos en Mansión de Nicoya pero cuando José Martí vino a visitarlo, aunque existía la intención de que se trasladara a Nicoya, el viaje no pudo concretarse y Martí permaneció en San José.
Hay un poema dedicado a Jorge Debravo y dos elegías, una a Yolanda Oreamuno y otra a Eunice Odio. También aparece un poema con el nombre Carta sin fin a Pablo Antonio Cuadra y otro, con título de reportaje, llamado Don Francisco Amighetti trabaja en su taller de La Paulina, San José, Costa Rica.
Hay una sección entera dedicada a los poemas que escribió al contemplar las pinturas del propio don Paco, Emilio Span, Fausto Pacheco, Luisa González de Sáenz y Alberto Ycaza, entre otros muchos, en el Museo de Arte Costarricense. Los poemas que dedica a la ciudad capital son descriptivos y llenos de enumeraciones. Más que poesía, da la impresión que lo que pretendía hacer era un retrato hablado. El poema que dedica a la zona roja es tan titubeante que queda en el intento.
Y así, en el libro encontramos poemas a la carreta típica, a la guaria morada, al cafetal, a la abolición del ejército, a los combatientes caídos en el conflicto armado de 1948, a las flores del camino, a un pajarito muerto, a un árbol y hasta a su perro. En las últimas páginas aparecen unos versos a Juan Santamaría tan exaltados, sentimentales e ingenuos que desentonarían hasta en un acto cívico de escuela primaria.
Como costarricense que soy, me llamó la atención que un escritor chileno, que vivió once años en mi país, haya dedicado todo un libro de poemas a Costa Rica pero, lamentablemente, aunque lo he repasado con atención en varias ocasiones, no he logrado entrar en sintonía con este libro. Le reclamo, ante todo, lo superficial de la mirada y la simpleza de las impresiones. Si Baeza hubiera estado aquí como turista de paso, se comprendería el que no hubiera podido ir más allá de lo evidente, pero quien escribe versos tan poco profundos, sobre el lugar en que vivió once años, demuestra tener serias limitaciones como observador.
Hay algo más que me resulta incómodo y es, precisamente, su afán de agradar a los aludidos. Aunque sea sincero, el halago, cuando es insistente, resulta sospechoso.
País de balcones, en mi humilde opinión, no pasa de ser un cuaderno de apuntes de un viajero sentimental cuya expresión poética, hay que decirlo, es verdaderamente muy limitada.
INSC: 1381

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