domingo, 12 de marzo de 2017

Simón Bolívar y los alemanes.

Simón Bolívar y los alemanes. Günter
Khale. Inter Nationens. Alemania, 1990
Es bastante conocido el hecho, ciertamente irónico, de que durante la guerra de independencia de América del Sur  las tropas que defendían la autoridad de la Corona española estaban compuestas en su mayor parte por indígenas, mientras que los soldados que luchaban por la independencia eran criollos, es decir, hijos de españoles. Sin embargo, no se le ha prestado gran atención al hecho de entre los oficiales del ejército de Simón Bolívar hubo militares europeos profesionales. Primero, ingleses e irlandeses y, en una segunda etapa, alemanes.
En 1990, con motivo del aniversario número ciento sesenta de la muerte del Libertador, Günter Kahle publicó un breve ensayo histórico sobre esta poco conocida faceta de la historia latinoamericana. Según pudo constatar en su investigación, los periódicos alemanes prestaban gran atención a lo que sucedía al otro lado del mundo. Las extensas crónicas estaban escritas casi como una novela de aventuras por entregas. La presencia de Francisco Miranda en Alemania, en 1788, así como los posteriores viajes del Barón Alexander von Humboltd, llegaron a ser temas de general interés.
Fue precisamente en Venezuela donde Humboltd inició la travesía de cinco años en la que recorrió los países de Suramérica, México, los Estados Unidos y las Antillas. Entre los anfitriones de Humboltd en Caracas, hubo familiares de Bolívar, pero es poco probable que Bolívar y Humboltd se hallan encontrado en ese tiempo y, si se vieron, difícilmente podrían recordarlo.  Bolívar, nacido en 1783, era apenas un niño pequeño cuando Humboltd visitó su ciudad natal. Entre los regalos que Humboltd dejó en Venezuela, estaban partituras de Mozart (las primeras que llegaban a América) y Bolívar, ya más crecido, se deleitó con la ejecución de esa música mucho antes de su primer viaje a Europa.
Alexaner von Humboltd solamente se
encontró con Bolívar en París en 1804, pero
mantuvo con él una amplia correspondencia.
El encuentro entre ambos personajes tuvo lugar en París, en 1804. Se dice que Bolívar le preguntó a Humboltd si creía que los países latinoamericanos estaban maduros para independizarse y gobernarse a sí mismos. Humboltd le respondió: "Creo que sí, pero no veo quién pueda lograrlo". No se sabe si ese diálogo forma parte de la historia o de la leyenda, pero lo cierto es que Bolívar y Humboltd tuvieron oportunidad de conversar en varias ocasiones, siempre en París y siempre en 1804 y, aunque nunca más volvieron a verse, se escribían extensamente y con frecuencia. En la última carta que Humboltd le escribió a Bolívar le manifestó: "Una voz interior me dice que nos volveremos a ver en esta vida... pero en ese continente que debe su libertad a la noble moderación de su alma y donde espero terminar mis días."
Los vaticinios del sabio alemán no se cumplieron. Ni volvió a ver a Bolívar, que murió en Santa Marta en 1830, ni volvió a visitar el continente americano. Aunque Humboltd era catorce años mayor que Bolívar, lo sobrevivió casi tres décadas. El irlandés Daniel O'Leary, ayudante, amigo y uno de los primeros biógrafos de Bolívar, visitó a Humboltd ya anciano para recoger por escrito los recuerdos que tenía de su amigo por correspondencia.
Noticia de la muerte de
Simón Bolívar publicada
en Alemania.
Pero volvamos a los oficiales alemanes. Para 1815, Bolívar había sufrido serios reveses y su causa parecía perdida. Necesitaba con urgencia armas, municiones, dinero y hombres. Trató de obtener apoyo en Inglaterra (de donde eran sus oficiales English, Gilmore, Hippisley, Skene y Wilson), pero una orden real había prohibido a los súbditos británicos tomar parte en la guerra de las colonias españolas. Pese a la prohibición, estos oficiales, junto con Luis Seferino López Méndez, organizaron en Londres una campaña de reclutamiento dirigida principalmente a alemanes. Bolívar tenía que reorganizar su ejército, sabía que esa tarea podría llevar años y no tenía tiempo que perder. Mandó a buscar oficiales y veteranos con experiencia en las guerras napoleónicas y, para atraerlos, hizo una oferta muy atractiva. El sueldo sería mayor al del ejército británico, los oficiales serían recibidos con un grado superior al que ya tuvieran, los gastos de viaje serían pagados al llegar y, después de cinco años, a los que regresaran a Europa se les pagaría quinientos táleros mientras que a los que decidieran quedarse se les entregarían cincuenta acres de tierra.
Como es fácil de suponer, semejantes promesas atrajeron, además de soldados y oficiales profesionales y expertos, a una gran cantidad de aventureros que vieron la oportunidad de hacerse ricos fácil y rápidamente. El libro recoge tristes episodios de vagabundos que no hablaban una palabra de español emborrachándose un día tras otro y lamentando la hora en que decidieron cruzar el Atlántico.
Coronel Johan von Uslar. (1779-1866)
Sin embargo, a pesar de que fueron muchos los legionarios que tiraron la toalla apenas llegaron, Bolívar logró reclutar buenos hombres y, especialemente, valiosos oficiales como Friedrich von Clauditz (a quien Bolívar nombró general casi en el momento que bajó del barco), Johan von Uslar, el Barón Elben y Otto Phillip Braun, quienes, además de su conocimiento y experiencia, traían el equipo bélico que habían utilizado contra Napoleón.
Al coronel Johan Von Uslar, nacido en Hanover en 1779 y quien obtuvo su formación militar en Inglaterra no le fue muy bien al principio. Fue apresado por el ejército español y condenado a muerte, pero dado que era un oficial de renombre, la sentencia no fue ejecutada y, en su lugar, fue obligado a realizar trabajos forzados con la esperanza de que se cambiara de bando. En cuanto pudo escapar, se unió de nuevo al ejército libertador, en el que jugó un papel decisivo en numerosas batallas. Tras la independencia, Von Uslar fue nombrado gobernador de Valencia, donde murió en 1866.
Poco conocido e investigado, en su momento Johan von Uslar recibió grandes elogios. Charles Stuard Cochcrane lo llamó "uno de los heroes mas valientes de la revolución" y el coronel Hippisley "el oficial más diligente de todo el ejército venezolano". El historiador americano Hasbrouck, llegó a establecer un paralelismo entre Johan von Uslar y Friederich Wilhelm von Steuben, que fue el oficial que logró formar y capacitar a las indisciplinadas e inexpertas tropas de George Washington.  Johan von Uslar, como es fácil de adivinar por su apellido, es ancestro del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri.
La figura de Otto Phillip Braun es más conocida. especialmente por su suerte extraordinaria. En la batalla final de Ayacucho salió ileso pese a que los disparos del enemigo le mataron cinco caballos en los que iba montado. Su buena fortuna se mantuvo después de la guerra, ya que acabó como hacendado y propietario de minas en Bolivia.
A Bolívar, como se sabe, le fue mejor en la guerra que en la paz. Concretada la independencia, tuvo serios problemas para organizar las autoridades de la gran república que fundó. Pensó valerse de sus colaboradores alemanes en esta nueva gran empresa, pero los recién liberados pobladores hispanoamericanos no se mostraron dispuestos a cambiar la asfixiante burocracia de las autoridades españolas por la severa disciplina prusiana.
INSC: 0728
Simón Bolívar (1783-1830).

lunes, 6 de marzo de 2017

Un libro sobre Daniel Oduber Quirós.

Daniel Oduber: Una vida y cien imágenes.
Alberto Baeza Flores. Editorial Eloy
Morúa Carrillo. Costa Rica. 1976.
La figura y el gobierno de Daniel Oduber Quirós merecen un estudio profundo y reposado. Hombre de gran cultura general que dominaba varios idiomas, además de Licenciado en Derecho por la Universidad de Costa Rica, culminó una Maestría en Artes en la prestigiosa Universidad McGill de Montreal y obtuvo su Doctorado en Filosofía en La Sorbona. En su juventud, fue además un destacado deportista. Mientras estudiaba en el Colegio Seminario formó parte del equipo de basketball de la Gimnástica Española que obtuvo el Campeonato Nacional en 1935. Al levantar el trofeo, el joven Daniel contaba solamente catorce años de edad, puesto que había nacido el 25 de agosto de 1921.
El 27 de setiembre de ese mismo año, fue bautizado en la Iglesia del Carmen por el padre Mariano Zúñiga con los nombres de Porfirio Ricardo José Luis Daniel.
Sus padres, Porfirio Oduber Soto (sobrino del Presidente Bernardo Soto) y Ana María Quirós Quirós, vivían en las cercanías del Parque Morazán y tuvieron tres hijos: Daniel, José Francisco y Dora. José Francisco murió siendo apenas un muchachito, en 1935, el mismo año que su hermano ganó el campeonato de basket.
El joven Daniel perdió a sus padres muy pronto. Doña Ana María en 1943 y don Porfirio en 1944. Debió entonces ponerse a trabajar durante el día y seguir cursos nocturnos de contabilidad en la Escuela de Comercio Manuel Aragón. Pese a las limitaciones de tiempo y dinero, terminó su carrera de Derecho y, por sus propios medios, viajó a Canadá a continuar sus estudios. Allí conoció a la que sería su esposa, doña Marjorie Elliott, pianista graduada del Conservatorio de Toronto, quien también cursaba estudios de Artes en McGill. En repetidas ocasiones ella contó que Daniel Oduber obtuvo la nota perfecta en el examen de lógica de la Universidad, algo que ningún canadiense había logrado. La boda civil de don Daniel y doña Marjorie se celebró en París y la religiosa en la Iglesia de San Isidro de Coronado. Bendijo la unión el padre Benjamín Núñez.
Una faceta poco conocida de Oduber es la de poeta. Varios presidentes de Costa Rica han sido escritores. Don Ricardo Jiménez escribía ensayos; don Cleto González Víquez. investigaciones históricas; don Teodoro Picado recopiló toda la obra escrita por Rubén Darío en Costa Rica. Estos tres presidentes fueron Académicos de la Lengua, don Ricardo y don Cleto de la Academia Costarricense y don Teodoro de la nicaragüense. Don José Figueres escribía ensayos y relatos, el Dr. Abel Pacheco, cuentos y el Dr. Oscar Arias Sánchez, ensayos. Estos tres presidentes llegaron a ganar el Premio Nacional Aquileo Echeverría, don Pepe y don Oscar en ensayo y don Abel en cuento pero, hasta donde sé, Oduber es el único presidente que ha escrito y publicado poemas. 
Al igual que muchos otros de su generación, la carrera política de Daniel Oduber empezó en el Centro de Estudios para los Problemas Nacionales, fundado y liderado por Rodrigo Facio
Cuando estalló el conflicto armado en 1948, Oduber interrumpió sus estudios en Canadá para integrarse a los rebeldes y, tras el triunfo de don Pepe, fue nombrado Secretario de la Junta Fundadora de la Segunda República. Cuando ocurrió la invasión calderonista de 1955, también regresó al país para participar en el frente. Su jefe, en esa oportunidad, fue don Mario Charpentier quien, un par de décadas más tarde, sería su ministro de Seguridad.
Daniel Oduber estudiante de la escuela
Vitalia Madrigal.
El primer cargo público de Oduber fue como embajador en París, en 1953. Luego fue diputado de 1958 a 1962. En su primer intento de obtener la candidatura presidencial por el Partido Liberación Nacional fue vencido por Francisco J. Orlich, quien lo nombró Ministro de Relaciones exteriores de 1962 a 1966. Perdió las elecciones de 1966 frente al profesor José Joaquín Trejos Fernández. Atribuyó su derrota a una campaña de desprestigio orquestada por varios periodistas a quienes, tras finalizar el proceso electoral, demandó por calumnias ante los Tribunales de Justicia. Ganó el juicio. pero sus relaciones con la prensa, desde entonces, fueron siempre tensas.  Nuevamente diputado en 1970, presidió la Asamblea Legislativa durante tres años. Finalmente, en 1974, llegó a ocupar la Presidencia de la República.
Su gobierno, indiscutiblemente activo, estuvo, en su momento, rodeado de muchas polémicas que, con los años, se han acrecentado. Oduber convirtió al Estado costarricense en un aparato enorme, complejo y caro. Algún día, espero, habrá un equipo de historiadores y economistas que tendrá la paciencia de calcular cuánto le costó al país la experiencia de CODESA. Casi no hay quien defienda hoy el estatismo de la era Oduber, pero el exceso de burocracia, la proliferación de instituciones y la existencia de puestos directivos muy bien remunerados y de dudosa necesidad son secuelas de aquella época que aún no hemos podido quitarnos de encima. 
Por otra parte. a Oduber le tocó gobernar en una época bastante compleja y sería interesante prestar atención a la forma en que manejó tanto los conflictos internos como las relaciones internacionales. Dentro de propio partido, antes, durante y después de su paso por la presidencia, Oduber, por sus ideas, su estilo y su manera particular de hacer las cosas, logró cultivar tanto admiradores incondicionales como enemigos acérrimos. 
Quizá será necesario esperar décadas antes de que aparezca el escritor sereno que logre crear un retrato balanceado de su persona y su gobierno. Hasta ahora, las publicaciones que hay sobre él no pasan de recopilaciones de discursos y semblanzas biográficas escuetas. Existe también un libro, escrito por Alberto Baeza Flores, que es una verdadera rareza. Fue publicado en 1976, durante el gobierno de Oduber y se trata de un panegírico que, en vez de con pluma, parece escrito con brocha.
Baeza, escritor chileno, amigo personal de Oduber y de Luis Alberto Monge (sobre quien también escribió un libro semejante), no se mide a la hora de soltar elogios. El libro de Oduber, como ya dije, fue publicado mientras era presidente y el de Monge, cuando era candidato. Es evidente que ambas obras tienen una intención propagandística pero, incluso teniendo claro que no hay que pedirle peras al olmo, no deja de incomodar la ligereza, la dispersión y el descuido con que están escritas. De la objetividad, mejor ni hablar. Por ejemplo, en el libro menciona que Mario Echandi ganó las elecciones de 1958 debido a que los liberacionistas se habían dividido en dos candidaturas: la oficial de don Francisco J. Orlich y la independiente de don Jorge Rossi. Sin embargo, a la hora de narrar el triunfo de Oduber, no menciona que la oposición estaba dividida en tres candidaturas, la del Dr. Fernanto Trejos Escalante, la de don Rodrigo Carazo y la de Jorge González Martén. Echandi y Oduber comparten la extraña circunstancia de haber ganado la presidencia pese a que fueron muchos más los electores que no votaron por ellos.
La obsesión de Baeza por el zodiaco, ya manifiesta en su ensayo Evolución de la poesía costarricense, está también presente en este libro, en que dedica párrafos enteros a explicar la personalidad de Oduber y de Carlos Andrés Pérez, basándose en el hecho de que el mandatario costarricense era Virgo y el venezolano Escorpión.
Son abundantes, además, las páginas de relleno en que el autor se distrae con cualquier excusa para agregar volumen a un libro que no debió haber sido más que un folleto. No sé si los libros de Baeza sobre Oduber y Monge fueron escritos por iniciativa propia o por encargo. Tampoco tengo idea de cuántos ejemplares se imprimieron ni cómo llegaron a distribuirse. En todo caso, no creo que este tipo de material haya logrado el propósito con que fue hecho. Ya se sabe que en publicidad lo que funciona es un mensaje breve, memorable y repetido miles de veces. Los libros que se escriben con descuido y a toda prisa, acaban siendo leídos de la misma forma. 
Pese a todo lo que se le pueda cuestionar, Daniel Oduber Quirós fue un hombre culto e inteligente. un líder con arrastre, un pensador de ideas profundas, un intelectual muy preparado y un presidente que dejó un impacto profundo en el país. Su figura y gobierno algún día tendrán el estudio profundo y reposado que merecen.
INSC: 1716
Gabinete de Daniel Oduber. Carlos Manuel Castillo y Fernando Guzmán Mata
(Vicepresidentes). Gonzalo Facio (Relaciones Exteriores), Francisco Morales
(Trabajo), Edgar Arroyo (Gobernación), Jorge Sánchez Méndez (Economía).
Porfirio Morera (Hacienda), Fernando Volio (Educación), Carmen Naranjo
(Cultura), Herman Weinstock (Salud), Alvaro Jenkins (Obras Públicas), Hernán
Garrón (Agricultura), Mario Charpentier (Seguridad) y Oscar Arias (Planificación).
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