sábado, 1 de abril de 2017

Memorias del capitán Otto Escalante.

Memorias del Capitán Otto Escalante.
Un capítulo sobre la historia de la
aviación en Costa Rica. Ana C. Fonseca.
Guayacán, Costa Rica, 2007.
Por lo general, cuando los abuelos entretienen a sus nietos con relatos de su vida, lo hacen cómodamente sentados en un sofá, pero cuando el capitán Otto Escalante Wiepking compartía sus andanzas y aventuras con su nieta, Ana Fonseca, lo hacía dentro de la cabina de una avión en pleno vuelo.  Desde niña lo acompañó en sus viajes y escuchó sus historias, hasta que, ya siendo adulta, puso manos a la obra y las recopiló por escrito.
Memorias del Capitán Otto Escalante, un capítulo sobre la historia de la aviación en Costa Rica, es un libro tan agradable como revelador, que recoge, además de episodios personales y familiares, un valioso testimonio histórico sobre la guerra civil de 1948 así como un recuento del nacimiento, crecimiento y posterior desaparición de LACSA, Líneas Aéreas Costarricenses S.A.
Aunque la labor de Otto fue fundamental en el desarrollo de la aviación costarricense, no se le puede considerar dentro de los pioneros de la actividad, ya que pertenece a la tercera generación de pilotos del país. El primer aviador costarricense fue Tobías Bolaños Palma, quien se formó y ejerció en Francia entre 1916 y 1920. Tras sufrir un aparatoso accidente en que perdió una pierna, regresó a Costa Rica donde voló una única vez con tan mala fortuna que aterrizó en la copa de un árbol. Sobrevivió, pero no volvió a pilotear nunca.
Ya en la década de los años treinta hubo nuevos aviadores como Guillermo Núñez Umaña, Tobías Carrillo, Oscar Arana y Román Macaya.
Otto nació el 26 de octubre de 1921, minutos después de su hermana Olga. Los gemelos eran los primogénitos de Francisco Escalante y Eduviges Wiepking. La madre de Otto era alemana y trabajó como secretaria de don Carlos Kitzing y don Eberhard Steinvorth.
En 1928, con tan solo seis años de edad, vio a Charles Lindberg aterrizar en La Sabana. La primera vez que voló fue a los catorce años, también desde La Sabana, donde un aviador, a cambio de cinco colones, llevaba a los niños a dar una vuelta sobre San José.
Durante sus estudios en el Colegio Seminario, Otto hizo gran amistad con Gil Chaverri, Jorge Rossi, Danilo Jiménez Veiga y Daniel Oduber Quirós, pero no tenía claro que hacer con su futuro. Leía ávidamente novelas de aventuras y libros de filosofía y astronomía sin acabar de decidirse por una profesión. Eran los años de la II Guerra Mundial y un aviso en el periódico anunció que el gobierno de Estados Unidos ofrecía becas para formar pilotos de aviones. De los postulantes, solamente fueron aceptados Otto Escalante y Juan Victory Blanco, quienes partieron a Albuquerque, Nuevo México, de donde regresaron ya graduados.
Empezó haciendo viajes locales pero ya en 1943 realizó sus primeros vuelos internacionales a Tegucigalpa y New Orleans.
El 20 de mayo de 1944, contrajo matrimonio con María Cecilia Herrera Romero en la Iglesia del Carmen. Ofició la boda el padre Mariano Zúñiga, hermano del padre Ricardo Cayito Zúñiga. Ese día, cuenta Otto, por lo nervioso que estaba, se tomó el primer trago de su vida. El matrimonio tendría cuatro hijos, un varón y tres mujeres.
Aunque votó por el Dr. Calderón Guardia, pronto se desencantó de su gobierno. En las elecciones de 1944 fue cortesista y, dos años después, a la muerte de don León Cortés, desde una pequeña avioneta arrojó flores sobre el cortejo fúnebre.
En 1948, Frank Marshall lo contactó para una importante misión. El Dr. Arévalo, presidente de Guatemala, estaba dispuesto a facilitar armas a don José Figueres, pero se ocupaba un piloto que fuera a traerlas. Otto aceptó el encargo y el 12 de marzo, en cuanto las fuerzas rebeldes tomaron San Isidro del General, secuestraron un avión en el que partió de inmediato. Cuando llegó a Guatemala tuvo algunos inconvenientes debido a que el asunto no estaba del todo bien coordinado. El plan era tan secreto que nadie sabía de qué se trataba y Otto estuvo preso por unas horas. Una vez aclaradas las cosas, regresó con el primer cargamento de armas y oficiales. Trajo a dos dominicanos, seis hondureños y un nicaragüense, todos ellos militares de experiencia, que venían a brindar apoyo logístico a don Pepe. Uno de los hondureños, por cierto, se llamaba Francisco Morazán.
Durante las pocas semanas de conflicto, Otto realizó en total treinta viajes a Guatemala para traer armas y municiones. Tanto de ida como de vuelta tenía el cuidado de no pasar sobre Nicaragua, ya que Anastasio Somoza apoyaba a Calderón y a Picado.
También le correspondió a Otto bombardear Dominical y Puerto Cortés, donde las tropas del gobierno estaban reuniéndose con la esperanza de recuperar San Isidro. El gobierno también bombardeaba las tropas figueristas desde el aire con un DC 3 piloteado por un canadiense, que fue derribado el 1 de abril y cayó en las cercanías de San Ramón.
Fue Otto quien transportó las tropas que tomaron Limón y quien trajo a Gonzalo Facio y Daniel Oduber, que se encontraban fuera del país, al lado de don Pepe.
En 1955, le correspondió llevar tropas a Liberia para repeler la invasión procedente de Nicaragua y en 1959 transportó armas a Cuba para la guerrilla de Fidel Castro.
Otto Escalante Wiepking. (1921-2013).
El relato de estas aventuras militares es en verdad cautivador, pero el verdadero aporte de Otto Escalante a la aviación costarricense estuvo en el campo comercial. TACA (Transportes Aéreos de Centro América), fue fundada en Honduras, en 1931, por el neozelandés Lowell Yerex. Una vez terminada la II Guerra Mundial, Pan American Airways, para debilitar a TACA, se puso a fundar compañías aéreas nacionales: AVIATECA en Guatemala, SAHSA en Honduras, LANICA en Nicaragua, LACSA en Costa Rica y COPA en Panamá. LACSA fue fundada el 5 de octubre de 1945. Las acciones estaban repartidas en un cuarenta por ciento de PanAm, un veinte por ciento del Estado costarricense y el otro cuarenta por ciento para ser vendido entre inversionistas particulares. Con el paso de los años, el Estado llegó a tener hasta un treinta y tres por ciento de participación.
Otto empezó a trabajar en LACSA desde que se fundó. En 1958 llegó a ser subgerente y, desde 1960 hasta su retiro en 1989, ocupó la gerencia general. 
Durante el gobierno de su compañero de secundaria, Daniel Oduber Quirós, se planteó la intención de estatizar LACSA. Otto se opuso. De hecho, junto con Bruce Masís, Francisco Urbina, Carmen Naranjo y otros liberacionistas, formó el colectivo Acción Patria, que alertaba sobre el gigantismo estatal y la corrupción que, además de creciente, se estaba volviendo descarada. LACSA necesitaba capitalizarse, pero era difícil lograrlo. El mismo Otto cuenta que una vez fue a visitar a un rico cafetalero para invitarlo a invertir en LACSA, pero la respuesta que obtuvo fue: "Prefiero tener un billete de mil amarrado a una mata de café, que uno de cincuenta pegado al ala de un avión." 
PanAm estaba también en apuros y acabó regalando su participación en LACSA. Para 1990, la compañía estaba en manos de consorcios japoneses y no mucho después desapareció, como desaparecieron todas las líneas aéreas nacionales centroamericanas, que pasaron a ser del grupo TACA, con la excepción de COPA, que acabó siendo parte de Continental.
De 1993 a 1996, Otto fue asesor de AEROCOSTARICA pero, por diversos motivos la empresa no pudo crecer ni sostenerse.
En 1986, Otto fue nombrado embajador en Alemania, pero no asumió el puesto. Desempeñó cargos directivos en Coopesa y el Consejo Técnico de Aviación Civil.
El libro está lleno de datos sorprendentes. El primer aeropuerto que tuvo Costa Rica estuvo localizado en Chomes, Puntarenas, y funcionó de 1927 a 1931. Fue relevado por el de Lindora, que operó de 1931 a 1936. Durante la administración de León Cortés entró en funcionamiento el aeropuerto de La Sabana y en la de Otilio Ulate, el aeropuerto internacional Juan Santamaría. Estos datos son de dominio general. Lo que es poco conocido es que en la primera mitad del siglo XX, ante la falta de carreteras, el transporte aéreo era mucho más utilizado que en nuestros días. En Guanacaste había veintisiete pistas, en Limón cinco, en San Carlos doce, en el Valle del General siete y en el Pacífico sur nueve.
También, por supuesto, el libro está lleno de revelaciones personales. La que más me llamó la atención fue que a Otto, nunca lo trataron de don. Sus amigos, familiares y compañeros de trabajo lo llamaban por su nombre y hasta sus hijos y sus nietos lo llamaban simplemente Otto.
Poco después de haber leído el libro, me encontré por casualidad con Anita Fonseca. La felicité por haber escrito las memorias de su abuelo y me atreví a preguntarle por un incidente que esperaba encontrarme pero fue omitido. "No logro precisar el año, pero recuerdo que un avión comercial, uno de los grandes, se le salió de la pista y hasta apareció en el periódico, días después, una foto de tu abuelo en el hospital." Anita se encogió de hombros. "Otto no lo mencionó", me dijo. Y luego, con una gran sonrisa, agregó: "Tal vez no era algo que quisiera recordar."
El libro de memorias de Otto Escalante fue publicado en 2007. Otto murió el 28 de diciembre de 2013. Francamente espero que otros abuelos tengan, como él, la fortuna de que un nieto recopile las historias que le cuenta.
Además de la bandera costarricense, los aviones de LACSA, durante un tiempo
tenían pintada una rueda de carreta.

INSC: 2349

1 comentario:

  1. Buenos días. Ando buscando este libro de Otto Escalante. Alguien sabe dónde podré conseguirlo? gracias. tel. 87039302 Cristian Gómez

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