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domingo, 2 de noviembre de 2014

Los pasos de Armando.

Pasos de gato. Armando Rodríguez
Ballesteros. Perro Azul, Costa Rica, 2003.
Empujado al exilio, el poeta, profesor universitario y fundador del Festival de Poesía de Bogotá Armando Rodríguez Ballesteros se trasladó en 2001 a Costa Rica. Desde su arribo, su acoplamiento a lo que él llama, con su característico sentido del humor, "el poetariado", se dio rápidamente y sin mayores sobresaltos. Apenas llegó inauguró, con gran éxito, su ciclo de Lunadas Poéticas, publicó decenas de plaquetes de poetas debutantes y consagrados, dictó conferencias, publicó artículos en la prensa, participó en diversos foros y se convirtió en uno de los personajes más queridos del mundillo literario tico.
Armando, quien cultiva también la pintura, no está particularmente interesado en acrecentar su dosis de protagonismo. Le gusta hacer cosas, pero no necesariamente figurar por hacerlas. Sus pasos en Costa Rica han sido como pasos de gato: constantes, firmes y enfocados a un destino, pero discretos y silenciosos.
Pasos de gato es el título de su primer libro publicado en Costa Rica en el 2003. Aunque es hombre de muchas experiencias y muchas lecturas, Armando es autor de pocos libros. Presagios y Migraciones (1986), Lubros (1988) y Ojos de ritual (1997), son los tres anteriores publicados en Colombia.
Pasos de gato está compuesto por cuarenta y cuatro poemas sobre temas muy diversos, desde nostalgia por el país de origen, denuncia social, angustia existencial, romances consumados y fracasados, vistazos fugaces al entorno y hasta un caligrama ciertamente simpático.
No hay propuesta de conjunto y al terminar un poema no se tiene idea de qué esperar en la página siguiente.Cada poema debe ser apreciado como una obra independiente del resto.
El estilo de Armando es absolutamente limpio y conciso. Va directamente al grano sin distraerse ni en la más mínima floritura. Su poesía es contundente, casi cortante, y cargada a dosis iguales de sensibilidad y de cinismo.
Su sentido del humor salta a la vista en muchas páginas, como en el díptico Alegna y el poeta o en Grafiti del pendenciero. La nostalgia por Colombia, el dolor por el sufrimiento de su país que "se empeña en sangrar" y el trago amargo del exilio ocupan la mayoría de los poemas del inicio del libro.
Hay también fuertes dardos irónicos contra quienes detentan el poder y, además, lo disfrutan, así como una mordaz caricatura de una señorita de alta sociedad con toda su vida planificada por sus progenitores.
Ya se trate de nostalgia o ironía, de romance o de denuncia, de humor o de dolor, todo el libro está escrito en un tono sereno, alejado tanto de la grandilocuencia como del exabrupto.
Los poemas de Pasos de gato, se disfrutan cada uno con su sabor y su tensión particular, avanzando, tal vez
en dirección distinta, pero a paso firme y sin hacer más ruido del necesario.

INSC: 1728

miércoles, 1 de octubre de 2014

Encerrado en la casona.

Casablanca la bella. Fernando Vallejo.
Alfaguara.
Un hombre sin familia y ya viejo, tras una larga ausencia, decide regresar a Bogotá, su ciudad de origen. Se enamora a primera vista de una mansión señorial y, como tiene dinero, la compra. Es una casona de las de antes, cuando la gente que podía darse el lujo de vivir bien sabía, además, vivir bien. El nuevo propietario sueña con lo feliz que va a ser en su nueva residencia de aposentos y pasillos amplios, cuando el jardín, que cuenta hasta con un par de palmeras, esté arreglado a su gusto.
Sin embargo, desde la primera noche que pasa en ella, se percata que, como ocurre siempre en el amor a primera vista, la realidad no es tan bella como la primera impresión. La instalación eléctrica no funciona y debe salir a las calles oscuras y afrontar los riesgos del tráfico y la delincuencia, en busca de un lugar donde pueda comprar candelas para alumbrarse. Aquello era solo el inicio. La cañería del agua y del gas tampoco funcionaban, el techo goteaba, las paredes tenían grietas, la pintura se descascaraba y hasta los cimientos estaban debilitados.
A sabiendas de que ninguno es honrado, contrata a unos trabajadores para reparar la casa. En la remodelación, los problemas estructurales, lejos de disminuir, aumentan. Los trabajadores le roban tiempo, materiales y dinero. Contrata a un hombre para que los vigile y a otro hombre para que vigile al vigilante. Todos lo engañan. Se ve obligado a recorrer la ciudad en busca de materiales. La ciudad es otra y no le gusta. Bogotá ya no es como la recordaba, ningún rincón le parece reconocible. Le molestan los rascacielos, los tumultos y los embotellamientos de tráfico. Nunca encuentra lo que busca. No tiene ni un amigo ni un pariente. La casa de sus sueños, se convirtió en su mayor pesadilla.
Empieza entonces a recordar. Recuerda a la abuela loca, a la prima ninfómana, a los vecinos víctimas de los actos violentos más descabellados. Todos están muertos. Las casas, los barrios, las fincas, los negocios que recuerda, también desaparecieron. A veces, asomado a la ventana del taxi, logra ubicarse: "Aquí era donde estaba tal cosa." El paisaje es distinto. La ciudad es distinta. Pero él se considera el mismo.
Cuando está en la casa, piensa en todas las diligencias que debe hacer afuera. Cuando anda en la calle, sabe que debe regresar pronto a ver qué nueva estupidez hicieron los trabajadores. Una vez, donde iba una puerta, le pusieron una ventana. "¿Y cómo se supone que voy a entrar?" Gritó. "No se preocupe, patrón, ya le pusimos tres escalones por fuera y tres por dentro." Así de absurdo es el mundo en que transcurre la novela Casablanca la bella, de Fernando Vallejo.
En las noches, el protagonista habla con las ratas, su única compañía en la mansión. Aunque, pese a la desconfianza inicial, logra llevarse bien con ellas, no las alimenta porque no quiere que se multipliquen. Las ratas lo escuchan relatar sus historias de otros tiempos y sus peroratas contra todo lo que odia. El humor, en este libro, es corrosivo, impúdico, violento. El protagonista no logra conseguir un inodoro apropiado a su estatura. Visita los depósitos de materiales de construcción, se sienta en varios y nunca logra sentirse cómodo. Sus piernas son demasiado largas y los inodoros demasiado pequeños. Busca uno grande, alto, que suelte toneladas de agua. Quiere uno de los antes, pero de los antes ya no hay. Los modernos son más ecológicos porque gastan menos agua. "¿Y qué hay más antiecológico que una mujer pariendo?" cruza por su mente al escuchar la explicación.
El protagonista de la novela es un amargado pero, curiosamente, un amargado simpático. Todo le molesta, todo le incomoda, todo lo irrita pero sus interminables monólogos llenos de quejas y protestas, como vienen colmados de sorpresas ingeniosas, lejos de molestar, resultan placenteros y divertidos.
De tanto pensar en ellos, los fantasmas de las personas que recuerda lo visitan. Hasta la muerte llega a buscarlo, pero él no le abre. Al cerrar el libro, uno queda con la duda de si el protagonista, también, es un fantasma atrapado en el infierno. 
INSC: 2664
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