viernes, 12 de diciembre de 2014

Ernest Hemingway habla en español de su novela "El viejo y la mar".

El viejo y el mar. Ernest Hemingway.
Editores Mexicanos Unidos, México, 1992.
Santiago tenía ochenta y cuatro días de no pescar nada. Estaba a punto de romper su propio récord de mala suerte, puesto que una vez había pasado ochenta y siete días en blanco. Manolín, el niño al que Santiago había enseñado a pescar cuando tenía solamente cinco años, lo acompañó los primeros días pero, acatando las órdenes de su padre, se había pasado a trabajar con otro pescador que sí tenía suerte.
En Santiago todo era viejo, excepto sus ojos. La vela de su barca, remendada con costales de harina, parecía la bandera de una derrota permanente.
El día ochenta y cinco, Santiago decidió ir más lejos de lo acostumbrado y, en alta mar, pescó un magnífico pez espada, enorme y fuerte, con el que luchó durante tres días en que su pensamiento voló hasta las playas africanas, tan blancas que lastimaban los ojos, donde hacía muchos años había visto leones. Cuando finalmente, tras dar una dura batalla, el pez murió, Santiago lo ató al costado de su bote, ya que era tan grande que no había manera de meterlo dentro. En el camino de vuelta a casa, los tiburones, a pesar de los golpes que les propinaba Santiago, se comieron el pez, por lo que el viejo pescador, a quien ya daban por muerto, regresó al pueblo con solamente el esqueleto del pez espada al que no le podía sacar ningún provecho. 
La solitaria lucha de este hombre en el ocaso de su vida ante un pez gigantesco,  llega a tener connotaciones heroicas. Santiago está viejo y débil. En los días sin pesca y sin dinero ha pasado hambre. Las fuerzas le fallan y el cansancio está a punto de doblegarlo. Aunque es un hombre de piel curtida, la brisa y el sol lo lastiman. Sus manos callosas acaban sangrando por la fuerza con que el pez tira del sedal. 
Primera edición de El viejo y el mar.
Revista Life, 1 de septiembre de 1952.
En los tres días que estuvo en alta mar, los grandes problemas de Santiago fueron el hambre, el sueño y la fatiga. La soledad no lo afectaba porque estaba acostumbrado a ella, vivía solo en su cabaña, se reconfortaba con recuerdos de los tiempos felices y sabía conversar consigo mismo.
Santiago, el protagonista de El viejo y el mar de Ernest Hemingway, es uno de los héroes más conmovedores y admirables que uno puede encontrase. Cuando la lucha ha sido intensa, prolongada y desigual y se ha sostenido hasta el límite de agotar las fuerzas sin doblegar la voluntad, deja de importar si el resultado final fue un triunfo o una derrota. 
La novela es breve, las descripciones son mínimas, los diálogos son concisos, cortantes y escuetos. Y con esta economía de palabras, Hemingway logró insinuar mucho más de lo que dijo. Los grandes valores de la amistad, de la solidaridad, del respeto, del orgullo, de la tenacidad, del esfuerzo y de la constancia, llegan a ser palpables aunque nunca se mencionen. El viejo y el mar es una de esas novelas en que uno acaba comprendiendo mucho más de lo que lee. 
Manolín admira al viejo. Recuerda que cuando tenía cinco años lo llevó con él a alta mar y pescaron un pez tan grande que, al sacudirse, amenazaba con volcar el bote. Santiago puso al niño en la proa y empezó a matar al pez dándole con un palo. Los golpes eran tan fuertes que parecía que el viejo estaba derribando un árbol. "¿De veras te acuerdas de todo eso, o yo te lo conté?" le pregunta Santiago cuando Manolín evoca la escena.
El libro está lleno de instantes que hacen que se asomen, juntas, una lágrima con una sonrisa, como cuando Santiago y Manolín se sienten tentados a comprar un número de la lotería, pero no tienen a quién pedirle prestado. Esta escena siempre me ha conmovido. ¿Habrá mayor muestra de fe y esperanza que pedir prestado para jugar lotería? Aunque, a fin de cuentas, Santiago aborta el plan. "Trata de no pedir prestado." Le aconseja a Manolín. "Primero pides prestado y después pides limosna."
Ernest Hemingway. 1899-1961.
El texto completo de El viejo y el mar, apareció en la revista Life el 1 de septiembre de 1952. La primera edición, como libro, fue lanzada una semana después, el día 8. A pesar de que la revista vendió cinco millones de ejemplares del número que incluía la novela, los tirajes del libro también se contaron por millones. Desde entonces, son muchos los lectores que, incluso sin haberse acercado a otras obras de Hemingway, han quedado fascinados con El viejo y el mar.
Al leer The old man and the sea, en inglés, hubo dos cosas que me llamaron la atención.
En las versiones en español, se dice que el viejo estaba "salado" para indicar que tenía mala suerte. Curiosamente, en la versión original en inglés aparece "salao". 
Pero lo más llamativo es que, en el propio libro, se aclara que el viejo siempre se refería al mar en femenino, "la mar",  ya que, según Hemingway, esa es la forma que utilizan quienes la aman. (He always thought of the sea as la mar which is what people call her in Spanish when they love her.)
"A veces los que la aman hablan mal de ella, pero siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes... le decían el mar, en masculino. Hablaban del mar como un contrincante, un lugar o incluso un enemigo. El viejo siempre la veía como algo femenino, que retiene grandes favores."
Me pregunto por qué, si el propio Hemingway dejó escrito en el libro que el viejo decía la mar, todas las traducciones al español han optado por traducir "El viejo y el mar". ¿Será tal vez por aquello de que en masculino es un enemigo? 
En una entrevista de 1954, Hemingway, además de declararse el primer escritor cubano "sato" (no de raza pura) en ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, llama a su libro "El viejo y la mar".
INSC: 0371

1 comentario:

  1. Hemingway descubrió que El Viejo y LA Mar amañaron la pesca... http://noninaclasicosdeaventura.blogspot.com.es/2015/04/13-el-viejo-y-el-mar-ernest-hemingway.html

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