domingo, 26 de abril de 2015

Otilio Ulate recordado por Mariano Sanz.

Otilio Ulate antes, durante y después del
48. Mariano Sanz. Memorias. Imprenta
Lil, Costa Rica, 2001.
Conforme pasan los años, la figura de Otilio Ulate se torna cada vez más opaca. Fue electo presidente de Costa Rica en 1948 y la anulación de esas elecciones desencadenó la guerra civil. Sin embargo, al conmemorarse los cincuenta años del conflicto, en 1998, el nombre de Ulate ni siquiera se mencionó. En buena medida motivado por esta omisión, su amigo el periodista Mariano Sanz, quien fue muy cercano al expresidente toda su vida, publicó el libro Otilio Ulate antes, durante y después del 48.
En el caso de Otilio Ulate, su anecdotario es mucho más amplio que su ideario. Ulate no era un intelectual, aunque fingía serlo. En sus artículos y discursos citaba libros que no había leído, opinaba sobre temas que no dominaba, lanzaba serias acusaciones sin más fundamento que el de su imaginación y era capaz de escribir párrafos enteros, enrevesados y grandilocuentes, sin llegar a decir nada trascendente. El propio Mariano Sanz cuenta en el libro que don Otilio presumía de haber escrito un largo artículo sobre el abacá, sin saber si el abacá era un animal, un vegetal o un mineral. Ulate fue periodista desde muy joven y llegó a ser propietario de varios periódicos. Sin haber escrito ni un solo libro en su vida, llegó a formar parte de la Academia Costarricense de la Lengua.
Otilio Ulate tenía un verbo aguerrido y no se medía a la hora de agraviar a sus oponentes. Durante los convulsos años cuarenta, cuando los ánimos políticos estaban más que caldeados, soltó su famosa frase: "No le compre, no le venda", en que instaba a sus seguidores a romper todo tipo de relación con los del bando contrario.
Sin embargo, a pesar de su agresividad verbal, de la que no escapó casi nadie, Otilio Ulate era un personaje al que sus contemporáneos consideraban simpático. Contaba chistes, coqueteaba con las mujeres y bebía de pie en el mostrador de las cantinas. Una de sus anécdotas más conocidas es la de cuando, siendo presidente, fue atropellado por un hombre en bicicleta. Don Otilio vivía en Barrio Amón y todas las mañanas se iba caminando a la Casa Presidencial. Al cruzar la calle, justo frente a la Presidencia, un ciclista que venía demasiado rápido chocó con él y ambos cayeron al suelo. El guardia de la puerta, que no había reconocido al Presidente, se le acercó diciéndole "¡Fue su culpa! ¡Fue su culpa!" pero, cuando vio que era don Otilio el que estaba tirado en el suelo, aclaró que el "¡Fue su culpa!" se refería al ciclista. La noticia que circuló internacionalmente se concentró en el hecho de que el Presidente de Costa Rica caminaba por la calle sin escolta alguna. Como veinte años después, el presidente guatemalteco Miguel Ydígoras Fuentes estuvo a punto de ser golpeado por una bicicleta durante su visita a Costa Rica y, recordando el hecho, le dijo al ciclista: "No me confunda, yo soy Presidente de Guatemala, no de Costa Rica."
Tal vez por lo muy conocida que es, Mariano Sanz no incluye la anécdota de la bicicleta en su libro, pero cuenta otras verdaderamente divertidas. Sanz y Ulate viajaron juntos a Europa como periodistas al final de la II Guerra Mundial. En Inglaterra les mostraron las zonas destruidas por las bombas y en Alemania les mostraron más bien las zonas que no fueron destruidas por las bombas. Sanz notó que la coquetería del presidente, quien nunca revelaba su edad, lo hacía quitarse un par de años cada vez que en un documento oficial debía consignar su fecha de nacimiento. Como Ulate llegaba siempre tarde, uno de los anfitriones ingleses lo reprendió: "Ulate (lo pronunció en inglés U late) You are always late!"
En Berlín, tuvieron la oportunidad de visitar al matrimonio puntarenense de don Orlando Grütter y doña Lía Jiménez, cuya hija, Virginia Grütter,  era una niña que le enseñaba a sus amiguitas alemanas a cantar La Cucaracha. Aunque Ulate no hablaba inglés, cada día le echaba un vistazo a los periódicos y, fiel a su costumbre de sacar sus propias conclusiones a partir de lo que suponía haber comprendido, en una ocasión le dijo a Sanz que en Inglaterra se celebraba la navidad en julio. Sanz tomó el periódico y descubrió que lo que se celebraba era el Día de la Marina, Navy Day, que en su traducción libre Ulate había tomado por Navidad.
Tras observar por unos días los juicios de Nurenberg, regresaron a Costa Rica. Como recuerdo, Ulate se trajo dos jeeps, una para su finca La Vieja, en San Carlos, y otro para su periódico El diario de Costa Rica.
Sanz, además de colega periodista, se convirtió en su amigo, asistente, chofer, guardaespaldas y hombre de confianza.
En 1948 Ulate fue candidato a la presidencia de la República. Su contrincante era el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, quien había sido presidente de 1940 a 1944. Ulate ganó holgadamente las elecciones pero el voto salvado de un magistrado del Tribunal Electoral hizo que, de acuerdo con la Constitución de entonces, el resultado de las elecciones debiera ser decidido en el Congreso, donde había una amplia mayoría calderonista. El Congreso anuló las elecciones y, debido a esa decisión, don José Figueres se levantó en armas. Al mencionar este momento tan delicado, Mariano Sanz consigna una información equivocada. Dice que "los 27 diputados oficialistas han tenido el descaro de anular la elección", olvidando la honrosa excepción de don Arturo Volio Guardia quien, pese a ser diputado oficialista, votó a favor de que se respetara el veredicto popular.  Esta omisión es inexplicable, puesto que un hermano de don Arturo, mi queridísimo amigo don Claudio Antonio Volio Guardia, fue Ministro de Agricultura e Industrias durante la administración de Ulate.
Ulate estaba junto con Sanz y otros compañeros en la casa del Dr. Carlos Luis Valverde Vega cuando se supo que las elecciones habían sido anuladas. Una patrulla del gobierno, al mando de Tavío, llegó a las puertas de la residencia, cuando el Dr. Valverde, dueño de la casa, salió a decirles que no les permitiría entrar, fue asesinado con ráfagas de ametralladora. Ulate y los demás ocupantes debieron salir a través de casas vecinas.
Al día siguiente ocurre un hecho insólito. El Arzobispo Víctor Manuel Sanabria visita a Ulate y le plantea un ultimatum del Presidente Teodoro Picado: "Puede escoger entre refugiarse en la Embajada de Venezuela mientras sale al exilio o ir a la cárcel."
¿Por qué debe ir al exilio o a la cárcel quien ha ganado las elecciones? ¿Por qué el Arzobispo se prestó como mensajero para esta propuesta?
Don Otilio, sin reparar en lo extraño de la situación, escogió ir a la cárcel. Tavío llegó a buscarlo a la Penitenciaría, pero los guardias, que sabían a lo que iba, no lo dejaron entrar.
Días después, con la guerra civil ya en marcha, Monseñor Sanabria hace una propuesta a todos los bandos en conflicto. Les pide que lo acepten a él como árbitro y dejen en sus manos la solución. Pese a lo extraño de la propuesta, Ulate es el único en aceptarla.
El libro entra luego en un tema polémico que, seguramente, nunca será aclarado. Figueres se levantó en armas para derrocar al gobierno por la anulación de las elecciones. ¿Por qué Ulate no se unió a la lucha armada? Figueres, en sus memorias, sostiene que Ulate no se integró porque no quiso y, de manera un tanto irónica, sostiene que su "prudencia" lo mantuvo al margen. Mariano Sanz sostiene que Ulate que no se integró a la lucha armada porque los mismos revolucionarios no se lo permitieron. En todo caso, cuando el triunfo de Figueres era evidente, don Jaime Solera Bennet reunió en su casa a Ulate y Figueres, quienes firmaron el pacto por medio del cual Ulate aceptaba que Figueres integrara la Junta Fundadora de la II República que convocaría a una Constituyente y gobernaría sin congreso durante dieciocho meses, al final de los cuales Ulate asumiría la presidencia. Así se hizo.
El gobierno de Ulate, de 1949 a 1953, se caracterizó por la prudencia en la administración de los fondos públicos. Se realizaron importantes obras, como el aeropuerto internacional El Coco, sin recurrir a endeudamiento. Se fundaron instituciones como la Contraloría General de la República y el Banco Central y, tras los convulsos años cuarenta, llenos de intrigas, corrupción y violencia, Costa Rica retornó a la vida serena y tranquila que permitía que, apenas saliendo de una guerra civil, el Presidente de la República caminara por la calle sin escolta.
Un dato interesante es que tanto el Dr. Calderón Guardia como don Pepe Figueres, fueron seriamente cuestionados por malos manejos de fondos públicos. En la administración Ulate, por el contrario, la administración de los recursos del Estado fue impecable, al punto de ser el último gobierno costarricense en dejar las arcas del Estado con superávit en vez de déficit. Sin embargo, las simpatías políticas costarricenses se dividieron entre la Democracia Cristiana de Calderón y la Social Democracia de Figueres. Hasta los colaboradores más cercanos de Ulate optaron por integrarse a una de estas dos fuerzas y, al final de la vida del expresidente, el ulatismo no era más que su grupo de amigos íntimos.
Como periodista, Ulate fue severo y crítico con la labor del gobierno. Mientras fue presidente, los dos periódicos de su propiedad, El Diario de Costa Rica y La Hora, fueron totalmente complacientes con la labor del gobierno, por lo que perdieron credibilidad y llegaron a desaparecer poco después de que su propietario abandonara la presidencia.
Cada vez son menos quienes recuerdan y conocen algo de la vida de Otilio Ulate. Quizá por ello Mariano Sanz escribió y publicó por sus propios medios este libro.
El monumento a Otilio Ulate, en el costado suroeste de la Sabana, nunca es objeto de homenajes y la casa de Ulate en Barrio Amón, 25 metros al sur del Bar Limón, del que era buen cliente, ha sido convertido en un hotel que alquila habitaciones por horas.
INSC: 2613
Otilio Ulate regresa a su casa después de la ceremonia de investidura como Presidente
de la República. El inmueble, ubicado en Barrio Amón, 25 al sur del Bar Limón, es
actualmente un hotel que alquila habitaciones por horas.





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