sábado, 27 de junio de 2015

Viajes y lecturas de Mario Sancho.

Viajes y lecturas. Mario Sancho. Editorial
Costa Rica, 1972.
A Mario Sancho le encantaba escribir. Cuando un artículo del periódico llamaba su atención, cosa que ocurría muy frecuentemente, le mandaba al autor un comentario que bien podía ser dos o tres veces más extenso que el artículo mismo. Si alguien le enviaba una tarjeta con un breve saludo, podía recibir de su parte una carta de respuesta de diez páginas. Tal parece que cada vez que tenía la pluma en sus manos las ideas le bullían sin pausa. También, por supuesto, Mario Sancho publicaba artículos en la prensa, especialmente en el Repertorio Americano de Joaquín García Monge. En sus colaboraciones periodísticas y artículos de opinión se refería todo lo humano y lo divino. Entusiasta lector de Renán y gran francófilo, con frecuencia escribía sobre episodios o personajes poco conocidos de la literatura o la historia de Francia. Pero Mario Sancho, quien era un erudito que leía atentamente hasta los decretos oficiales de La Gaceta, tenía una opinión sobre todos los temas y no se aguantaba las ganas de expresarla. Por ello, abundan artículos suyos sobre arquitectura, escultura, pintura y episodios históricos tanto de su Cartago natal como de los distintos países y ciudades que visitó, así como sobre agricultura, comercio, educación, impuestos, política local o internacional, tradiciones y creencias religiosas y hasta comentarios sobre los aspectos más triviales de la vida cotidiana de su época. Si leía o escuchaba unas declaraciones con las que no estaba de acuerdo, soltaba su réplica que, de más está decir, era siempre extensa. Una vez, el poeta Rogelio Sotela hizo un viaje a México y, a su regreso, compartió sus impresiones con los oyentes de su emisora de radio. Sotela quedó muy impresionado con los monumentos y la arquitectura de la capital azteca y habló con verdadero entusiasmo sobre su viaje. Mario Sancho, como de costumbre, no pudo evitar soltar su réplica y escribió un largo artículo en que criticó hasta el monumento al ángel de la Independencia y dejó claro que en su opinión el Palacio de Bellas Artes era una mole de mal gusto que lastimaba los ojos y no pasaba de ser una muestra del gusto afrancesado de Porfirio Díaz. Y eso que Mario Sancho era francófilo.
A Sancho le encantaba nadar contra corriente. Si la opinión general criticaba algo, él lo elogiaba. O, al contrario, si sobre cierto personaje, hecho, proyecto o acontecimiento había un consenso favorable, él lo criticaba. Su afán de discutirlo todo lo llevó, tal vez sin darse cuenta, a posiciones contradictorias. Cuando escuchaba a un orador celebrando la bucólica y serena vida de Costa Rica, Mario Sancho decía que Costa Rica era una aldea primitiva y estancada en el pasado. Pero si alguien proponía alguna novedad estética, política o tecnológica, Sancho advertía sobre el intento de querer borrar las costumbres austeras y sencillas de los tiempos de los abuelos. Escribía con entusiasmo y admiración sobre los países desarrollados, especialmente Francia y los Estados Unidos, pero también de cuando en cuando se le desataba un nacionalismo visceral. Naturalmente, ese nacionalismo desaparecía a la hora en que todo el país celebraba fiestas patrias porque, entonces, Mario Sancho adoptaba una posición hipercrítica. 
Criticaba lo nacional y lo foráneo, lo tradicional y lo novedoso, lo clásico y lo moderno. Todo lo que leía o escuchaba estaba equivocado y era su deber, como caballero andante, separar al pueblo del error y abrir sus ojos a la verdad. 
Mario Sancho fue, para la pequeña pero activa comunidad de su época, una verdadera piedra en el zapato y, aunque cada vez que hablaba o escribía lo hacía para aguar la fiesta, era un hombre muy respetado y admirado. Lo invitaban a dar conferencias y a hablar por radio. Para escribir artículos en los periódicos, él se invitaba solo. 
Era, sin lugar a dudas, un hombre muy culto. Conocía al dedillo los clásicos y estaba también muy al tanto de la actualidad. Además, cosa rara entonces, Mario había viajado mucho. De joven pasó una larga temporada en París, conoció todo México y Centroamérica y se estableció por bastantes años en Boston, Massachusets, desde donde se desplazaba, como profesor invitado, a distintas universidades de los Estados Unidos. En los periodos en que vivía en Costa Rica, era profesor de literatura en Colegio San Luis Gonzaga. 
Lo curioso es que, pese a ser un intelectual reconocido, solamente publicó un libro en toda su vida. Varias de sus conferencias fueron mimeografiadas o impresas en folletos, pero su único libro es Viajes y lecturas, publicado en 1933. Se trata de una antología de sus artículos dedicados, como indica el título, a apuntes de viajes y notas sobre libros. El primer apartado se refiere a su admirado Renán. Viene también un análisis, un tanto aburrido aunque con ciertos chispazos interesantes sobre un texto de Cesare de Lollis sobre el Quijote. Leer comentarios de obras literarias permite descubrir nuevas perspectivas, pero leer un comentario sobre el comentario no es tan atractivo. También notas sobre otros autores, Gómez Carrillo entre ellos. En cuanto a los viajes está, además de la nota sobre México en respuesta a las declaraciones de Rogelio Sotela, un largo recuento del recorrido que hizo Mario Sancho por todas las grandes ciudades de España poco antes de que se declarara la República. Los artículos sobre Estados Unidos son prácticamente periodísticos, se refieren al industrial Henry Ford, a las elecciones en que se destacaba como candidato el gobernador de Nueva York, Franklin Delano Roosevelt y a una conferencia de Krishnamurti a la que Mario Sancho tuvo oportunidad de asistir. 
De las tres facetas: crítico literario, viajero y periodista, me quedo con la de viajero. La narración de sus experiencias por tierras lejanas verdaderamente encantadora. Sus críticas literarias, en cambio, están tan cargadas de referencias que resultan una lectura abrumadora. Pareciera a veces que su propósito no era desarrollar una argumentación clara y estructurada, sino hacer un despliegue de su asombrosa erudición. Como periodista, finalmente, sus notas suelen concentrarse en lo puramente anecdótico. Para él, la campaña presidencial de 1932 en los Estados Unidos, por el tema de eliminar o mantener la ley seca, tenía como eje principal "beber o no beber". El triunfo de Roosevelt lo atribuye a detalles sin importancia y, en cuanto a la conferencia de Krishnamurti, describió su aspecto, sus manos y su ropa, pero no se molestó en brindar un resumen de lo que dijo.
Sin ser un gran conocedor de la obra de Mario Sancho, me parece que este libro no le hace justicia. En momentos verdaderamente drámaticos de nuestra historia, como la dictadura de los Tinoco, el gobierno de León Cortés, la gran huelga bananera y la reforma social de los años cuarenta, Mario Sancho escribió artículos verdaderamente valiosos. Al final de su vida, también escribió esclarecedores artículos de opinión sobre la Guerra Civil española y la segunda guerra mundial. Como buen liberal, Mario Sancho mantuvo distancia tanto de los comunistas como de los fascistas y señaló los peligros que implicaría un triunfo de cualquiera de esos dos modelos totalitarios. 
Los libros de Mario Sancho, Viajes y Lecturas y sus Memorias, publicadas tras su muerte, ya no se consiguen. El único ensayo suyo que aún me parece que se lee en los colegios de secundaria es Costa Rica Suiza centroamericana de 1935. Es un texto verdaderamente amargo y desencantado que se puede resumir en cinco palabras: En Costa Rica todo está mal. 
El título es irónico. Los ticos acostumbrábamos llamar a nuestro país "la Suiza centroamericana", por ser un oasis de paz y democracia en una región en conflicto. Tengo entendido que la frase es de don Ricardo Jiménez Oreamuno. Una vez se discutía en el Congreso una ley de juegos y apuestas y don Ricardo se opuso diciendo que prefería que Costa Rica, al ser un país pequeño, fuera conocido como la "Suiza centroamericana" por su democracia y no como el "Mónaco centroamericano", por sus apuestas. La frase se convirtió en lema y hasta no hace mucho era de uso común. El compositor nicaragüense Tino López Guerra, el mismo que escribió el corrido a León ("Viva León jodido") compuso una canción que dice: "Por ser tan linda a Costa Rica la llaman, la Suiza centroamericana".
Pues bien, Mario Sancho no la veía tan linda y en su ensayo pinta un panorama desolador en que no deja títere con cabeza. Es un texto pesimista y hasta deprimente que se ocupa en mostrar todo lo negativo de una sociedad que estaba muy lejos de alcanzar la democracia ejemplar en que creía vivir.
Mario Sancho nació en Cartago en 1889  y, tras haber rodado mundo, murió en su ciudad natal en 1948. 
INSC: 2203

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