domingo, 19 de julio de 2015

Rubén Darío en Costa Rica.

Rubén Darío en Costa Rica. Diez cuentos
seleccionados por Luis Ferrero Acosta.
Ministerio de Educación Pública.
Costa Rica, 1967.
Rubén Darío estuvo en Costa Rica solamente una vez, pero su permanencia en el país se prolongó por nueve meses, del 24 de agosto de 1891 al 15 de mayo de 1892. Cuando arribó, Darío ya era una figura conocida debido a que los cuentos y poemas de su libro Azul, publicado en Chile en 1888, fueron reproducidos por numerosos periódicos tanto en España como en América Latina, incluidos, naturalmente, los de Costa Rica. En 1890 se había publicado en Guatemala una edición de Azul corregida y aumentada, de la cual Darío trajo varios ejemplares para vender en sus presentaciones.
Aunque su fama llegaba antes que él a donde fuera, Darío era por entonces un hombre joven. Vino recién casado y durante su estancia en San José cumplió sus veinticinco años de edad y nació su primer hijo. La historia de amor de Darío con su esposa, Rafaelita Contreras Cañas, empezó dulce y acabó trágica. Se conocían desde que eran niños en León, Nicaragua y, además de estar muy enamorados, compartían la pasión por la literatura. Con el pseudónimo de Stella, Rafaelita publicó cuentos en diversas revistas de Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En El Salvador, Darío trabajaba para el  presidente Francisco Menéndez Valdivieso, quien le tenía gran afecto y respeto y, lo más importante, le pagaba bien. Con buenos ingresos y protegido a la sombra del poder, Darío contrajo matrimonio civil el 22 de junio de 1890. Pero ese mismo día, de manera sorpresiva, fue derrocado el presidente Menéndez. La joven pareja, que seguramente soñaba con una vida serena y estable, debió abandonar El Salvador al día siguiente de la boda. Darío, en su Autobiografía, se declara muy agradecido con el presidente Menéndez y, precisamente por ese agradecimiento, prefiere no referirse a las razones de su caída. 
Rubén Darío (1867-1916)
Rubén y Rafaelita se instalaron brevemente en Guatemala, donde celebraron su matrimonio por la Iglesia y el poeta fue nombrado director de El correo de la tarde, que era el diario que defendía las acciones del gobierno. Cuando ese periódico dejó de publicarse, Darío y su esposa debieron buscar buscar nuevos rumbos. Como la familia materna de Rafaelita era costarricense optaron por mudarse a Costa Rica.  A una semana de haber llegado, el poeta salvadoreño Francisco Gavidia, quien había sido testigo de la boda de Darío en El Salvador y era por entonces director de La Prensa Libre, le dio trabajo en la redacción. Días después (el 3 de setiembre de 1891), sin remover a Gavidia, Darío fue nombrado director del periódico. Curiosamente, en el vestíbulo de La Prensa Libre no hay ni placas ni retratos que recuerden a esos dos grandes escritores que ocuparon juntos la dirección del decano de la prensa nacional.
Como Darío no tenía más ingresos que las remuneraciones por sus artículos, pese a trabajar en La Prensa Libre, publicó numerosas colaboraciones en otros periódicos, entre ellos El Diario del Comercio y El Heraldo de Costa Rica, este último dirigido por Pío Víquez. Dio recitales y conferencias en Cartago, Heredia, San José y Alajuela. El 15 de setiembre de 1891 asistió a la inauguración del Monumento a Juan Santamaría y escribió un artículo titulado Bronce al soldado Juan, en que se refirió a la discusión, acalorada por aquel entonces, sobre si Juan Santamaría había nacido en Alajuela o en Barba de Heredia. Como parte de su labor periodística, Darío publicó editoriales, obituarios, reseñas de libros, reportajes, sus impresiones sobre los pueblos de Costa Rica que visitaba y, por supuesto, numerosos poemas y relatos. Escribía sobre cualquier tema y publicó, por ejemplo, un artículo sobre lo importante que es el ejercicio físico para mantener la salud. Al referirse a la política, era cuidadoso y trataba de no levantar roncha pero, a pesar de su prudente delicadeza y diplomacia, lograba dejar clara su posición e invitaba a los lectores a reflexionar sobre ciertos asuntos preocupantes. Darío y Gavidia, juntos, entrevistaron a Antonio Saldaña, el último rey bribrí de Talamanca.  Aunque Darío rehuía la confrontación, mantuvo dos polémicas por la prensa. Una con su compatriota el periodista granadino Enrique Guzmán, con quien había llegado a Puntarenas en el mismo barco, y otra con un sacerdote que firmaba con pseudónimo del que nunca se supo el nombre.
Rafaela Contreras Cañas. Stella. (1869-1993)
Primera escritora costarricense.
En su Autobiografía, Darío enumera a los amigos de su tiempo en Costa Rica: el Ingeniero Lesmes Jiménez, don Cleto González Víquez, don Ricardo Jiménez Oreamuno, don Rafael Yglesias Castro, Pío Víquez, el general cubano Antonio Maceo y el salvadoreño Tomás Regalado. En el grupo no menciona a su hermano del alma, Aquileo Echeverría, ya que a él lo conocía de mucho antes, cuando habían trabajado juntos en Guatemala y El Salvador. Aquileo publicó sus Concherías en Costa Rica en 1905, pero la edición que se realizó en Barcelona en 1909, así como todas las siguientes, vienen con el famoso prólogo de Rubén Darío que, después de elogiar todo lo que tiene Costa Rica en abundancia, dice: "Costa Rica tiene además un poeta: Aquileo Echeverría."
Otro gran amigo de Darío fue Jorge Castro Fernández, hijo del Dr. José María Castro Madriz. Cuenta la leyenda que, muchos años después, Jorge, que ya había fallecido, se le apareció a Darío para confirmarle que había vida después de la muerte. Esa, por cierto, no es la única anécdota legendaria de las muchas que se cuentan. Se le atribuye, por ejemplo, haber afirmado que los ticos no hacemos revoluciones armadas porque nos da miedo que los tiros rompan los vitrales del Teatro Nacional. Darío nunca dijo eso. La construcción del Teatro Nacional se inició en 1893, cuando Darío ya se había ido de Costa Rica. El Teatro Nacional, además, no tiene vitrales.
La ciudad de San José en la que vivió Darío era un pueblo de casas de adobe y teja. Los únicos edificios grandes eran la Catedral, la Fábrica de Licores, el Hospital San Juan de Dios, el Seminario y el Hospicio de Huérfanos. El comercio constaba de ocho almacenes, dieciséis tiendas, tres cervecerías, siete ventas de materiales de construcción, unas cien pulperías y cuatro librerías. Darío publicó un aviso, en La Prensa Libre, que decía: "Azul. Por Rubén Darío. El libro de moda! Se vende en la Librería de Montero. Hay pocos ejemplares."
Rubén Darío. Grabado de Francisco Amighetti.
El Club Internacional, donde se reunían los ricachones, tenía una biblioteca de cinco mil volúmenes, pero como Darío no era miembro del club, iba a leer a la Biblioteca Nacional, ubicada en la Universidad de Santo Tomás, que apenas tenía tres mil volúmenes. En la sala de lectura de la Biblioteca, Darío entabló amistad con los jóvenes estudiantes que la frecuentaban, entre ellos Roberto Brenes Mesén.
Había tres hoteles, pequeños pero muy elegantes. El Gran Hotel de G. de Benedictis, el Hotel Roma de don José Sacripanti y el Hotel Francés de José Vigne. Darío no tenía para hospedarse en un hotel, sino que alquilaba una casita pequeña en el número 265 de la Calzada del Paso de la Vaca, actual calle ocho norte. Allí, el 12 de noviembre de 1891, nació su primogénito Rubén Darío Contreras. El día anterior, Darío se había quedado sin trabajo ya que, junto con Gavidia, fue despedido de La Prensa Libre. Rafaelita, su esposa, había quedado muy débil tras el parto y Darío, desempleado, debió firmar pagarés por las consultas médicas y las medicinas. Aunque la situación de Darío empezaba a tornarse deseperada, mantenía buenas relaciones con las altas esferas sociales. Su hijo fue bautizado por el obispo Bernardo Augusto Thiel y sirvieron de padrinos don Lesmes Jiménez y doña Margarita Foxá, esposa de don Julio de Arellano, ministro español acreditado en Costa Rica.
Sin trabajo fijo, con la esposa enferma, alquilando casa y con un hijo recién nacido, la vida de Darío se hizo muy difícil en Costa Rica, donde no conseguía oportunidades para salir adelante. Quería viajar de nuevo a Guatemala, para ver si encontraba allá alguna forma de arreglar su situación, pero si no contaba con recursos ni para hacer frente a sus gastos ordinarios, mucho menos tenía para un pasaje en barco. Don Lesmes Jiménez, el padrino de su hijo, le dio a Darío el dinero para el viaje. Al entregárselo, puso en sus manos también un sobre en el que estaban todos los pagarés firmados por el poeta. Don Lesmes había pagado todas sus deudas que ascendían casi a los dos mil pesos.
Darío partió solo a Guatemala y envió a su esposa y a su hijo a El Salvador. Poco después, Darío viajó a España en 1892, como enviado del Presidente nicaragüense Roberto Sacasa con motivo de las fiestas del cuarto centenario del viaje de Cristóbal Colón. A su regreso a Nicaragua, recibió la noticia de que Rafaelita, su esposa, había fallecido en enero de 1893 en El Salvador. Tenía solamente veinticuatro años de edad. Rafaelita, hija del hondureño Álvaro Contreras y de la costarricense Manuela Cañas, había nacido en Costa Rica en 1869 y, por los numerosos cuentos que publicó en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en los periódicos dirigidos por su marido, es considerada la primera escritora costarricense.
Darío, que nunca regresó a Costa Rica y no pudo despedirse de Rafaelita, perdió también contacto con su hijo.
Cuando Rubén Darío falleció, en 1916, su muerte fue muy lamentada en Costa Rica, donde se le recordaba con admiración y gran cariño. El tiempo que pasó en Costa Rica no fue nada fácil para él, pero todas las páginas que escribió sobre nuestro país están llenas de imágenes alegres y afirmaciones elogiosas.
Teodoro Picado Michalski (1900-1960)
Presidente de Costa Rica de 1944 a 1948.
Cuando era un joven estudiante de Derecho,
antes de cumplir veinte años de edad,
recopiló en dos tomos todos los artículos
que publicó Rubén Darío en Costa Rica.
Un joven estudiante de Derecho, gran admirador del poeta, se dio a la tarea de recopilar todas sus publicaciones en Costa Rica. Revisó uno por uno los ejemplares de los periódicos de la época y, con el auspicio de don Joaquín García Monge, publicó la antología completa de sus artículos en dos tomos, el primero de 150 páginas en 1919 y el segundo de 110 páginas en 1920, ambos con el título de Darío en Costa Rica. La recopilación es minuciosa. Cada artículo viene con la fecha y el nombre del periódico en que fue publicado. El primero está fechado el 2 de setiembre de 1991 y el último el 12 de junio de 1892.
Darío en Costa Rica, fue además la primera recopilación de la obra periodística del poeta. Pasarían muchos años antes de que en Nicaragua, Argentina, Chile, Guatemala, El Salvador o España, países en los que Darío ejerció el periodismo, se emprendiera un proyecto semejante.
El joven estudiante de Derecho que compiló las publicaciones de Darío en Costa Rica era Teodoro Picado Michalski, quien sería Presidente de la República de 1944 a 1948 y, tras la guerra civil que lo obligó a abandonar el cargo, se trasladó a vivir a Nicaragua, donde finalmente murió. Don Teodoro nunca fue invitado a formar parte de la Academia Costarricense de la Lengua, pero sí fue nombrado miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua.
El libro de Picado sobre Darío, de más está decirlo, no se consigue en ninguna parte. Hay que ir a consultarlo a la Biblioteca Nacional.
En 1967, centenario del nacimiento de Rubén Darío, por iniciativa de Luis Ferrero Acosta, el Ministerio de Educación Pública de Costa Rica editó un pequeño folleto con diez de los cuentos que Darío publicó en Costa Rica. Supongo que algunos fueron escritos aquí, mientras que otros los trajo en la valija. Valdría la pena averiguar a cuántos y cuáles de sus relatos fueron concebidos, escritos y publicados por primera vez en Costa Rica.
INSC: 1771

1 comentario:

  1. No conozco mucho la obra de Rubén Darío ni sé mucho de su vida, pero me voy menos ignorante jeje. Constato que tienes un poco de todo en el blog. Me gusta alejarme un poco de las reseñas literarias y dar a conocer a los autores bajo otro prisma. No hablo de cotilleos burdos si no de hechos que muestran matices de su personalidad y revelan porque escribió como lo hizo.
    Buen post.

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