sábado, 19 de agosto de 2017

Mons. José Vicente Salazar y la JOC de Costa Rica.

Memorial a Mons. Dr. José V. Salazar
Fundador de la Juventud Obrera Católica
de Costa Rica. Francisco Vindas Chaves.
Ediciones CECOR, Costa Rica, 1995.
Existen numerosos estudios históricos sobre la acción social de la Iglesia católica en Costa Rica, pero la mayoría de ellos suele concentrarse en las figuras de los obispos Bernardo Augusto Thiel y Víctor Manuel Sanabria, así como en el reformismo del General Jorge Volio y, salvo la honrosa excepción de La Iglesia y el sindicalismo en Costa Rica, de James Backer, suelen pasar por alto la obra y figura de Monseñor José Vicente Salazar Arias (1913-1962), quien fue el lider la Juventud Obrera Católica, dirigió un agerrido semanario, fundó un instituto secular y construyó el templo de la Medalla Milagrosa en calle 20.
En 1995, la Conferencia Episcopal de Costa Rica publicó una investigación realizada por el Dr. Francisco Vindas Chaves sobre la vida y obra de este prelado. El libro brinda un retrato bastante completo de este singular personaje, así como de sus múltiples y, en ocasiones, polémicas actividades.
José Vicente Salazar Arias nació en San José, el 8 de abril de 1913. Fue el primero de los tres hijos que tuvieron José Joaquín Salazar Peraza y Melchora Arias Porras. La familia era muy católica. Siendo joven, su madre quiso ingresar como religiosa en la congregación de las Hermanas de Sión, e incluso viajó a Francia con tal propósito pero, por motivos de salud, regresó a Costa Rica y eventualmente acabó contrayendo matrimonio. Su abuelo paterno, Dionisio Salazar, era ebanista y le enseñó el oficio a su hijo, José Vicente Aguilar Peraza quien era además sacerdote. Los confesionarios de la catedral metropolitana de San José fueron elaborados por el padre José Vicente Salazar Peraza, cuyo nombre sonó como posible candidato al episcopado tras la muerte de Monseñor Thiel en 1901.
Al igual que su tío y tocayo, José Vicente Salazar Arias, optó por el sacerdocio. Como tenía la cara redonda y colorada, en el Seminario le pusieron el apodo de "Manzanita" que, muchos años después y por las mismas razones, también se le dio a Monseñor Román Arrieta Villalobos.
Como el joven seminarista destacó en los estudios, el arzobispo Rafael Ottón Castro lo envío a Europa, en 1938, para que obtuviera un doctorado. En Bélgica, su primera parada en el viejo continente, José Vicente Salazar conoce a quien sería su modelo y mentor, Monseñor Joseph Cardijn (1882-1967), fundador de la Juventud Obrera Católica, gran figura del catolicismo de acción social, quien, casi al final de su vida, fue nombrado cardenal.
La II Guerra Mundial estalló al año siguiente de su arribo a Europa y, aunque logró culminar con éxito su doctorado, sufrió penurias por el conflicto. Cinco jóvenes estudiantes costarricenses quedaron atrapados en Italia por la guerra: el padre Salazar, Otto Jiménez Quirós, que estudiaba arquitectura, Carmelo Calvosa Chacón, Fernando Escalante Pradilla y Carlos Collado Martínez, que estudiaban medicina. Salvo Carlos Collado Martínez, que fue asesinado por los nazis y en cuya memoria se levantó un monumento frente al edificio metálico, los demás estudiantes lograron volver al país, pero a su regreso estaban tan flacos que hasta a sus propios familiares les fue difícil reconocerlos.
Mons. José Vicente Salazar Arias.
(1913-1962)
El padre Salazar regresó en 1942 y tuvo oportunidad de acompañar a sus padres en sus últimos días. Ambos murieron, con una semana de diferencia, en 1943.
Solamente durante un tiempo, y bastante breve por cierto, el padre Salazar ejerció un curato. Fue párroco de Heredia. En Europa, además de aprender a hablar italiano, francés y alemán, estudió a fondo la Doctrina Social de la Iglesia y quiso dedicar sus energías a la promoción cultural e intelectual de los jóvenes trabajadores. La Juventud Obrera Católica (JOC) nació en Bélgica en 1924, fundada por Mons. Cardijn. El 27 de noviembre de 1942, el mismo año de su retorno a la patria, el padre Salazar fundó la JOC de Costa Rica, que pronto logró atraer a numerosos afiliados. Como tribuna y medio de comunicación, publicaba un periódico, El luchador, que circuló sin interrupción cada sábado, desde el 29 de mayo de 1943 hasta el 28 de junio de 1959. El semanario se identificaba como "Organo de combate de las organizaciones obreras católicas" y tenía como propósito "la elevación cultural, religiosa, moral, económica y social de los trabajadores de Costa Rica."
En el libro aparecen reproducidos varios artículos de tono encendido y vehemente, con llamadas a la acción más que a la reflexión. Los temas iban desde las secuelas del divorcio hasta la incoveniencia de los contratos del Estado con las compañías privadas generadoras de energía eléctrica. Las propuestas eran en alguna medida de tono socialista, pero la posición era claramente antibolchevique. Se criticaba al capitalismo y al mercado tanto como al marxismo y a la Unión Soviética. Pese al contenido incendiario de su periódico, el padre Salazar sostenía que la JOC no era, ni sería jamás, un movimiento político.
El 15 de setiembre de 1943, en el desfile a propósito de la promulgación de las Garantías Sociales, los jóvenes de la JOC desfilaron separados de los trabajadores afiliados a la confederación sindical Rerum Novarum, que dirigía el padre Benjamín Núñez y que contaba con el apoyo de Monseñor Sanabria.
Aunque ambos mantenían cierta cortesía en su trato, las diferencias del padre Salazar con Monseñor Sanabria eran profundas y frecuentes. Salazar no estuvo de acuerdo con la decisión del obispo de retirar a los padres paulinos del Seminario y nombrar en su lugar, como formadores, a sacerdotes locales con menor preparación intelectual. También le preocupaba la cercana relación de Sanabria con el líder comunista Manuel Mora Valverde. El padre Salazar mantenía correspondencia con Monseñor Giovanni Battista Montini (el futuro Papa Pablo VI) a quien había conocido en Roma en sus tiempos de estudiante y se dice que escribió a Roma (no se sabe si a Montini o a alguien de menor jerarquía), acusando a su obispo de comunista. 
Entre otras actividades, el padre Salazar fundó La Casa de la Juventud, una pensión para estudiantes y jóvenes trabajadores, el Instituto Vocacional San Pío X y el Instituto Secular Opus Mariae, conocido como "los pericos", por su hábito verde. También creó una organización católica de Boy Scouts para, según él, contrarrestrar la influencia masónica de la organización. Entonces aún no estaba claro si Sir Robert Baden-Powell, el fundador de los Boy Scouts, era masón, pero tras una polémica que sostuvo el padre Salazar con el escritor Roberto Brenes Mesén, Monseñor Sanabria le ordenó mantenerse fuera del escultismo.
Pese a la situación tensa que mantenía con el padre Salazar, Monseñor Sanabria acogió calurosamente la visita que realizó Monseñor Cardijn, fundador de la JOC, a Costa Rica y participó, junto con el Presidente Teodoro Picado, en el congreso nacional de la organización.
En 1948, sin comprometer a los miembros de la JOC en la declaración, el padre Salazar manifestó clara y abiertamente su apoyo a don José Figueres Ferrer. Una vez instalada la Junta Fundadora de la Segunda República, presidida por don Pepe, el padre Salazar participó en una fallida iniciativa de la Junta para solicitar a la Santa Sede que creara más diócesis en Costa Rica. Unos vieron en esta actuación un intento de remover a Sanabria, mientras que otros consideraron que Salazar, en el fondo, no hacía más que procurar su propio nombramiento como obispo.
Tras la muerte de Monseñor Sanabria, su sucesor, Monseñor Rubén Odio tuvo, al menos al inicio, una buena relación con el padre Salazar. Lo nombró canónigo y le brindó total apoyo a sus iniciativas. Sin embargo, tras un incidente en el congreso mundial de la JOC, en Roma, el arzobispo destituyó al padre Salazar de su cargo y puso en su lugar al padre Francisco Herrera Mora. Al momento del cambio, la JOC de Costa Rica estaba ya prácticamente disuelta. El padre Salazar quedó aislado en su Casa de la Juventud, contigua al templo, dedicado a la Medalla Milagrosa, que había construido en calle 20. Cuando alguien lo visitaba solía responder que se encontraba a gusto en su "caracolito".
Monseñor Odio murió el 21 de agosto de 1959 y pasaron más de ocho meses antes de que se anunciara su sucesor. Durante ese periodo, se pensó que existían posibilidades de que Monseñor Salazar fuera nombrado obispo. Era joven y había demostrado estar lleno de energía, tenía título de Doctor, hablaba varios idiomas y, pese a sus conflictos con los obispos Sanabria y Odio, tenía buenas relaciones con el clero, su conducta era intachable y su apego a la doctrina indiscutible. Contaba, además, con poderosas amistades, entre ellas el cardenal Montini, con quien se carteaba y el cardenal Carlo Chiarlo, que había sido Nuncio Apostólico en Costa Rica y le tenía en alta estima.
Pero todas las ilusiones de los simpatizantes del padre Salazar se vinieron abajo el 7 de mayo de 1960, cuando fue anunciado el nombramiento de Monseñor Doctor Carlos Humberto Rodríguez Quirós, como nuevo arzobispo de San José.
Si las relaciones del padre Salazar fueron tensas con Sanabria y Odio, con Monseñor Rodríguez Quirós alcanzaron puntos de verdadera confrontación, ya que no compartían puntos de vista en casi ningún asunto. Mucho más enérgico y mucho menos paciente que sus predecesores, Monseñor Rodríguez Quirós no estuvo dispuesto a tolerar un cura que actuara por la libre como si no hubiera autoridad sobre él y lo tuvo a mecate corto y bajo estricta vigilancia.
En 1961, el padre Salazar celebró sus veinticinco años de sacerdocio con un almuerzo al que invitó a trescientas personas pobres, entre las que había mendigos e indigentes, a quienes atendió espléndidamente y despidió con regalos. Al año siguiente falleció a la edad de cuarenta y nueve años.
Poco antes de morir, viajó a Italia y visitó al Padre Pío de Pieltrecina. El libro recoge el testimonio de alguien que afirma que el padre Pío se le acercó a Monseñor Salazar y le dijo: "Nunca serás obispo. Regresa a tu tierra, porque tu hora está próxima."
INSC:  2736

1 comentario:

  1. Qué interesante artículo ! Definitivamente tuvimos en el pasado a grandes y eminentes personalidades que no conocemos ya que no se cuenta sobre ellos. Me encanta la Historia, en especial sobre gente de nuestra Iglesia Católica. Los insto a seguir publicando estos artículos. Felicidades !!!

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