domingo, 26 de noviembre de 2017

Atavismo diabólico. Cuentos de Ricardo Blanco Segura.

Atavismo diabólico. Ricardo Blanco
Segura. Editorial Costa Rica.
Costa Rica, 1980.
En cada uno de los diecisiete relatos de este libro hay una puerta abierta a otra dimensión, un suceso inexplicable o una tragedia misteriosa. No son, precisamente, cuentos de terror, sino más bien asomos a otra realidad más allá de la evidente. Los involucrados en los extraños sucesos, no solamente no los buscan sino que ni siquiera los creen posibles. Dentro de la rutina de su vida cotidiana, se enfrentan a hechos insignificantes y. cuando se percatan que algo extraño está ocurriendo, casi siempre es ya demasiado tarde para escapar. Hay algunos personajes que se salvaron por un pelo y vivieron para contar la historia, pero la gran mayoría quedó atrapada en una nebulosa oscura.
Varios de los cuentos de esta obra tienen una estructura muy similar. Se presenta a un personaje oscuro e insignificante, uno más de la multitud sin nada particular que llame la atención y, poco a poco, se va conociendo algo de su vida, casi siempre marcada por la soledad y la pobreza. En determinado momento, el personaje entra en contacto con algo o alguien que, a la larga, acaba siendo un ser del otro mundo.  Esta repetición, acaba opacando hasta cierto punto la trama, ya que la hace previsible. Cuando al nuevo ocupante de un cuarto de pensión se le pide que no se acerque a la puerta al final del pasillo y, un día, al verla abierta, se encuentra que estaba ocupada por unos habitantes amistosos, uno ya sabe por dónde va la cosa. 
En algunos cuentos aparece la casa encantada y misteriosa, lúgubre, sucia y maloliente, en que habitan duendes, una bruja o un fantasma. Hay incluso una historia de una mujer que convive con un fantasma en una casa que ni siquiera existe. Otras veces se trata de un objeto, un ropero o un guante, que parecen tener grandes poderes y hasta vida propia. En una ocasión, una mujer venida del más allá conversa con un taciturno bebedor de cantina. Hay hasta una vampiresa que se asoma a la ventana en una de las señoriales casonas de barrio Amón.
A pesar del título, ninguno de los cuentos tiene que ver con atavismos y el único relato que podría clasificarse como diabólico es en el que una humilde muchacha de pueblo acaba emparejándose con un íncubo. Además de espantos sobrenaturales, en el libro hay narraciones de tipo psicológico y detectivesco. Un hombre al que le ha ido verdaderamente mal en la vida descubre, al hacer un repaso de su existencia, quién ha sido el responsable de todas sus desgracias. Un enamorado asesina a la mujer de sus sueños y logra hacer que todos crean que el cupable fue otro. 
Verdaderamente llamativo es el cuento en que un grupo de amigos realiza una excursión al campo para visitar un pequeño pueblo que, tras dar interminables rodeos por caminos rurales, solamente lograron mirar a lo lejos. Sin embargo, cuando el viaje termina, regresan a casa totalmente convencidos de que, aunque fuera sin darse cuenta, en realidad estuvieron en el sitio al que querían llegar.
Algunos relatos, más que cuentos fruto de la fantasía, parecen testimonios de experiencias propias. En dos de ellos, don Ricardo habla de su casa, situada en el barrio de La Soledad, en cuyo piso alto ocurrían hechos extraños. Una pequeña habitación repetidas veces fue encontrada vacía y cerrada por dentro.
Dos conocidos escritores aparecen en sendos episodios. En uno de ellos, don Alberto Cañas es visitado en su despacho por el protagonista de su obra teatral En agosto hizo dos años, mientras que en otro se cuenta la extraña muerte de Marco Retana, el autor de La noche de los amadores. Dicha muerte, por cierto, es ficción, puesto que Marco Retana no solo vivió para leer el relato de su desaparición física, en versión de Ricardo Blanco Segura, sino además escribió el texto de la tapa del libro en que aparece.
En su comentario, Retana destaca el hecho de que este tipo de literatura es poco común en la tradición costarricenses. Las antiguas leyendas de brujas, duendes y aparecidos, tal parece que no tuvieron mucho eco en los escritores ticos, quienes optaron más bien por el realismo.
Ricardo Blanco Segura.
(1932-2011)
Ricardo Blanco Segura, en todo caso, es un escritor atípico. Tras cursar estudios en el Seminario Mayor de San José, debió abandonar la carrera eclesiástica, sin haber llegado a ordenarse, y se dedicó a la docencia e investigación histórica. Publicó las biografías de Mons. Víctor Manuel Sanabria Martínez y de Esteban Lorenzo de Tristán, así como 1884 El Estado la Iglesia y las reformas liberales, Obispos Arzobispos y representantes de la Santa Sede en Costa Rica y su gran obra Historia Eclesiástica de Costa Rica
Con gran sentido del humor, publicó también dos libros de crónicas coloniales, La mujer del sargento y Entre pícaros y bobos, en los que relata episodios jocosos de otras épocas que encontró en los archivos durante sus investigaciones.
Atavismo diabólico sería, entonces, su único libro de ficción. Sin embargo, don Ricardo, a quien tuve el placer de conocer y por quien guardo un gran aprecio, era un conversador infatigable que tenía siempre algo que decir sobre casi cualquier tema y acostumbraba expresar sus contundentes opiniones con gran franqueza. En sus libros, tanto en los de Historia, las crónicas humorísticas y también en este libro de cuentos misteriosos, con frecuencia se aparta de la línea que lleva para dar rienda suelta a la opinadera. 
Algo o mucho de autobiográfico, por cierto, debe de tener El cráter de la ira, el último y más extenso de los cuentos del libro, en que se reproduce el diario de un seminarista inquieto y rebelde, que obtiene buenas calificaciones y hasta reconocimientos simplemente por repetir lo que se supone que tiene que decir, aunque en el fondo tenga serias dudas e incluso abiertos desacuerdos con la doctrina que ha llegado a dominar. Ni siquiera tiene claro hasta qué punto es creyente y, "al borde del paso definitivo", cuestiona todo lo aprendido y lo vivido en sus años de seminarista. Amante del arte, de la historia, del latín y de la música, disfruta todo lo que los oficios tienen de teatral, barroco y misterioso, pero el sentido trascendental que se supone está detrás de todo aquello no acaba de convencerlo. La liturgia, entonces, acaba siendo hermosa, pero hueca. Lector voraz, guarda escondidos los libros que le han prohibido que lea y los coteja con los solemnes tratados en que, según sus maestros, está contenida la verdad inamovible. El conflicto, que además de espiritual e intelectual ha llegado a ser emocional y hasta físico, acaba, como todos los de este libro, en un desenlace inexplicable.
Más que cuentos de terror, Atavismo diabólico es, a fin de cuentas, una larga reflexión sobre la posibilidad de que exista algo más que el mundo que percibimos por medio de los sentidos, escrita por alguien que, pese a dudar seriamente de que esa posibilidad sea real, ha tenido experiencias que apuntan hacia lo contrario.
INSC: 2054

4 comentarios:

  1. Conocí y trate mucho a Ricardo,porque de jovenes vivíamos a cincuenta metros de distancia en avenida 8. Fui su monaguillo en la Iglesia de la Soledad,cuando ayudaba a oficiar misa antes de que a él y a otros cuasi-sacerdotes-Monseñor Sanabria les impidio graduarse por sus tendencias .... Ricardo era una verdadera Enciclopedia ,muy agradable de conversación y alguien que no pudo eclosionar socialmente,pese a su erudición y humildad. Nos legó un libro sobre la historia de la Iglesia Católica en nuestro país.

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    1. Que no inventó la gente, que por borracho, por mujeriego, por un chamaco ilegítimo, mentira, la causa fue muy simple, Ricardo no fue ordenado porque el no quiso, él se retiró por voluntad propia, el creía en Dios, pero no estaba de acuerdo con la iglesia, el cuestionaba todo, y optó por no ordenarse como sacerdote, el sabía que esa no era su vocación, ese no era su llamado, Monseñor Sanabria jamás se lo impidió.

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  2. Este libro es excelente, y difícil de conseguir. Lo tengo aún porque mi tía abuela recibió una vez una colección de libros de la ECR, de regalo, y desde 1980, cuando los recibió, es el único de ese montón de libros que aún mantengo. Leído por primera vez a los 9 años de edad, siempre intrigante y periódicamente releído.

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  3. Buenas noches! Soy sobrino de Ricardo, me llamo David Acevedo, y nada más quería compartir algunos datos interesantes sobre esta obra. Las 2 historias ambientadas en la casa de paseo de los estudiantes, son basadas en experiencias vividas por Ricardos y sus hermanos, pero yo no diría que fueron "basadas en hechos reales". Ricardo me contaba que todo lo descrito en ambos relatos de verdad sucedieron, sin embargo nunca dijo de manera definitiva que los acontecimientos fueran paranormales, su hermano Beto, quien aun vive en la misma casa descrita en el libro, dice lo mismo:

    -"Sí, pasaron cosas rarísimas, no te lo puedo explicar, quien sabe que habrá sido la verdad, no te lo podría decir con certeza si te soy sincero".

    Sus hermanas, "las gemelas" como les decíamos todos, juraban que todo pasó tal y como lo describe Ricardo, de niño disfrutaba asustarlas con eso:

    - "Abuelita, vea que aún falta el otro."

    Ellas se ponían muy incómodas y me decián que mejor no vacilara con eso, yo me moría de la risa de verlas asustadas (pobres gemes).

    Según entiendo el único detalle "ficticio", fue la muerte de Felipe, él vivío en los Estados Unidos por mucho tiempo, años después llegó a visitar, por supuesto que yo no me iba a quedar con la duda y le pregunté sobre lo que vió, el dice q no esta seguro, a él le pareció ver como luces que flotaban, y escuchó que le dijeron que abandonara la casa, se fue, salió del país, y años después regresó a visitar.

    El cuarto de donde baja la figura pálida con el abrigo de cuello de tortuga gris, era el cuarto en el que yo dormía cuando empezé la U, "la pajarera" le deciamos, por mi parte, yo nunca escuché, ni sentí, ni fui testigo de nada raro, pero todos mis amigos que llegron a conocer la casa decían que la casa les daba miedo. Personalmente, me fascina el terror y lo paranormal, pero no creo en nada de eso, sin embargo, muchos de los que vivieron en la casa durante esa época juran por todo lo que les es sagrado que la casa sí estaba maldita.

    La muerte de Ricardo fue una tragedia que se pudo haber evitado, la depresión por la pérdida de su hermana y el alcohol lo mataron... Bueno, eso, y una "amistad" que de repente se formó tras la muerte de mi Abuelita, un gordo desgraciado a quién intentamos localizar en más de una ocasión para "darle su merecido", el malnacido casi logró que Ricardo le dejara su pensión, pero al final logramos que le quedara a su hermana Cristina... un descenlace muy doloroso para mi querido tío, pero me alegra que su legado perdure, eso siempre me contenta y me hace sonreír...

    Viejo necio, tenía este "chistesote" que siempre nos hacía a los nietos:

    -"Quiere que le cuente el cuento del gallo pelón?"

    -"Sí tío, cuéntelo."

    "Sí tío no, que si quiere que le cuente el cuento del gallo pelón?"

    -"Que sí tío!"

    Y en eso pasabamos, por 5, 10, 15 minutos, hasta que nos colmaba la paciencia, nosotros de chicha, y él, muerto de la risa, era un vacilón Ricardo.

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