domingo, 10 de septiembre de 2017

Rogelio Fernández Güell: periodista, poeta y revolucionario.

Rogelio Fernández Güell: escritor,
poeta y caballero andante. Eduardo
Oconitrillo García. Editorial Costa
Rica, 1980.
En Buenos Aires de Osa, en la mañana del 15 de marzo de 1918, Patrocinio Araya, cumpliendo la orden que había recibido de Joaquín Tinoco,  mató a Rogelio Fernández Güell, Joaquín Porras, Ricardo Rivera, Jeremías Garbanzo y Carlos Sancho. Al escuchar los disparos, el maestro salvadoreño Marcelino García Flamenco, que hacía apenas dos semanas había llegado a la comunidad para hacerse cargo de la escuela, suspendió las clases y fue a mirar lo que ocurría. Quienes habían ejecutado la matanza le permitieron tomar notas porque "de estas cosas es bueno que la gente se entere." García Flamenco denunció la crueldad de los hechos por la prensa, se unió a la lucha antinoquista y, eventualmente, también moriría de forma violenta mientras combatía contra la dictadura. 
Cuando fueron atrapados y asesinados, Fernández Güell y sus compañeros pretendían salir del país para integrarse al movimiento revolucionario que, contra los Tinoco, preparaban desde el exterior los hermanos Alfredo y Jorge Volio Jiménez. Años después, para honrar su memoria, a la avenida central de San José se le dio el nombre de Rogelio Fernández Güell.  
Aunque es recordado principalmente por su trágica muerte, la corta vida de Fernández Güell, quien no llegó a cumplir los treinta y dos años de edad, es verdaderamente fascinante. Periodista, viajero, escritor, poeta, político y espiritista, fundó periódicos, publicó libros, viajó por Europa y América y ocupó, durante la presidencia de su amigo Francisco Madero, el cargo de Director de la Biblioteca Nacional de México.
Un ameno y completo recuento de las facetas desconocidas u olvidadas de este interesante personaje se encuentra en el libro Rogelio Fernández Güell: escritor, poeta y caballero andante, de Eduardo Oconitrillo García, publicado por la Editorial Costa Rica en 1980.
En 1866, don Jaime Güell Ferrer, viudo español, arribó a Costa Rica junto con sus tres hijas Magdalena, Brígida y Carmen. Aunque esta última tenía apenas catorce años de edad, su belleza capturó la atención de Federico Fernández Oreamuno, solterón de cuarenta años, veterano de la guerra de 1856 contra los filibusteros y a quien le correspondió recibir a los inmigrantes recién llegados en el propio puerto de arribo. Casi de inmediato empezó el cortejo y al año siguiente se celebró la boda. El noveno hijo de este matrimonio, nacido el 4 de mayo de 1883, fue Rogelio Fernández Güell, quien tuvo como padrino de bautismo a su tío paterno, el por entonces Presidente de la República Próspero Fernández Oreamuno.
Rogelio era un niño inquieto, pero estudioso. Leía sin parar y llevaba los estudios a su manera. Don Carlos Gagini, director del Liceo de Costa Rica, fue su maestro y supo guiarlo con paciencia pero, en cuanto Gagini dejó la dirección del Liceo, Rogelio abandonó las aulas. Su formación intelectual, puramente autodidacta, tuvo como fuente, desde entonces, la amplia biblioteca familiar.
Con tan solo diecisiete años de edad fue a la cárcel por publicar artículos satíricos contra el presidente Rafael Yglesias Castro. Su aguda ironía le valdría, poco después, ser herido con un sable en un brazo. Antes de cumplir los veinte años, ya Fernández Güell había fundado dos periódicos, El Tiempo y El Derecho, en los que escudándose con pseudónimos, escribía artículos punzantes y profundos sobre la realidad nacional. Los periódicos, en aquel tiempo, no eran más que una hoja doblada a la mitad para formar cuatro páginas, de las cuales dos eran de anuncios comerciales y las otras dos de contenido. Sus cómplices en estas aventuras periodísticas eran, entre otros, Teodoro Yoyo Quirós, José María Zeledón, Alfredo González Flores y Claudio González Rucavado. a quienes los señorones de la época no dudaban en tildar de "chiquillos malcriados".
En 1904, en compañía de su primo Tomás Soley Güell, Rogelio viaja a Europa. En España, el joven poeta y periodista conoce a Benito Pérez Galdós, a Jacinto Benavente y, en compañía de José Santos Chocano, tiene el honor de pasar una tarde entera con Rubén Darío, quien, con verdadera nostalgia, le habla de Aquileo Echeverría, de Jorge Castro Fernández y de todos los amigos que hizo durante la temporada que vivió en Costa Rica. Durante toda la charla, Darío no recitó un solo poema y Fernández Güell, tras aquel único encuentro, guardaría la impresión de que el gran genio, Príncipe de las Letras Castellanas, era un hombre grave y discreto.
Rogelio Fernández Güell. (1883-1918).
Los versos de Fernández Güell habían pasado de ser ingenuos, satíricos o románticos, a profundamente filosóficos. Su espectro de lecturas se amplía durante su permanencia en Europa y, en 1906, dedicó un poema a León Tolstoi, a quien llama "enorme viejo triste/ solitario profeta/ hijo de la gran patria que agobia un duelo eterno."
Aunque codearse con literatos de renombre debió haber sido una experiencia inolvidable para un amante de la literatura, la persona más importante, a nivel personal, que conoció en Europa fue a la joven Rosa Serrano Soley, de Barcelona, con quien contrajo matrimonio el 15 de setiembre de 1906. Como la familia de ella, en un primer momento, se había opuesto a la boda, los recién casados decidieron establecerse en México.
Por influencias de su amigo Ignacio Mariscal, Rogelio Fernández Güell es nombrado cónsul general de México en Baltimore, Maryland, donde nace su primer hijo, Juan Rogelio y donde publica su obra Psiquis in velo. Cuando le indicaron que, para mantenerse en su puesto, debía renunciar a su ciudadanía costarricense y optar por la mexicana, Fernández Güell decide abandonar el cargo. Establece entonces una amistad estrecha con Francisco Madero y, en cuanto Madero llega a la Presidencia de México, Fernandez Güell se convierte en uno de sus colaboradores más cercanos.  En la ciudad de México, a pocos días de la toma de posesión de Madero, nace su segundo hijo, Federico.
En México funda el periódico Epoca y la revista filosófica Helios, en la que, por entregas, empieza a publicar su novela Lux et Umbra, que luego aparecería como libro en 1911.
Los poemas de Fernández Güell, al inicio satíricos y románticos y, posteriormente filosóficos, empiezan a cargarse de misticismo y espiritualidad. De esta época es el siguiente soneto:

A Dios


No puedo definir tu suma esencia
Señor, tampoco puedo comprenderte.
No indago, temeroso de perderte,
porque escapas al ojo de la ciencia.

Sé que es tuya y que riges la existencia,
que animas con tu soplo el polvo inerte,
y salvando el abismo de la muerte,
perpetuas y exaltas la conciencia.

Pues sé que justo eres, no te imploro.
En el bien, luz del alma, te adivino
y, más que en lo tangible, en él te adoro.

Comprendo mi ignorancia y mi flaqueza
y sé que reducir es desatino
al tamaño de un cráneo tu grandeza.

En 1912, tras haber sido electo Presidente de la Liga de Liprepensadores mexicanos, Fernández Güell publica una serie de ensayos sobre el espiritismo y la magia en las obras de William Shakespeare.
El presidente Madero nombra a Fernandez Güell jefe del departamento de publicaciones del museo de arqueologia, historia y etnología de la ciudad de México y, poco después, Director la Biblioteca Nacional de México. 
Cuando, en 1913, el presidente Madero es asesinado por Victoriano Huerta, Fernández Güell decide regresar a Costa Rica. En la estación de la Northern, además de sus parientes, que tenía largos años sin ver, lo esperan, para darle la bienvenida, sus viejos amigos, entre ellos, los líderes del partido Republicano Máximo Fernández Alvarado y Federico Tinoco Granados
Al año siguiente, don Alfredo González Flores, que había sido puesto en la Presidencia de la República tras una extraña maniobra política, nombra a Fernández Güell subsecretario de Gobernación. Siendo alto funcionario del gobierno, para contrarrestar las críticas que desde La Información y La Prensa Libre se le hacían a la administración de don Alfredo, Fernández Güell funda un periódico, irónicamente llamado El Imparcial. Escribe además una valiosa crónica de la revolución mexicana.
En 1916 realiza un largo viaje por Argentina, Chile y Brasil. Pasa luego a España, donde publica su último libro Plus Ultra, con prólogo de Jacinto Benavente. En Barcelona, nace su tercer hijo, Luis.
Fernández Güell estaba en Europa en enero de 1917, cuando Federico Tinoco derrocó a don Alfredo González Flores. Cuando regresó al país, ingresó a la Logia Masónica, en la que fue presentado por su primo Tomás Soley Güell y en la que tuvo como compañeros a Rogelio Sotela, Tomás Povedano, Moisés Vincenzi y José Fabio Garnier, entre otros.
De primera entrada, Fernández Güell no vio con malos ojos el gobierno de Tinoco, que había nombrado en puestos clave a las personas más competentes de la época. Fue electo diputado en la Asamblea Constituyente y se distinguió particularmente como opositor a la reinstauración de la pena de muerte. Una vez promulgada la nueva Constitución, Fernández Güell, al igual que los otros constituyentes, pasó a integrar el Congreso. Allí empezaron sus problemas con los hermanos Federico y Joaquín Tinoco. A pesar de la gran amistad que mantenía con ellos desde hacía largos años, Fernández Güell no podía dejar de denunciar los actos represivos, la corrupción y la violencia del régimen. En diciembre de 1917, los hermanos Alfredo y Jorge Volio, escondidos dentro de una carreta de bueyes, huyeron de Cartago y, tras un largo recorrido, lograron llegar a David, Panamá.
Fernández Güell, pese a ser diputado, no asistía al Congreso y andaba oculto porque sabía que su vida, al igual que la de Alfredo Volio, que fue víctima de un atentado en Llano Grande, corría peligro.
Manuel Zavaleta Volio. Sobrino de
Alfredo y Jorge Volio Jiménez, ayudó a
escapar de San José a Rogelio Fernández
Güell.
El Dr. Mariano Figueres Forges, padre de don Pepe, llevó en su automóvil a Fernández Güell hasta Curridabat, donde el párroco, el padre Ramón Junoy, lo mantuvo oculto por varios días. Luego, el padre Junoy vistió a Fernández Güell con una de sus sotanas y ambos hicieron a caballo el recorrido hasta Desamparados, donde fue alojado por el padre Manuel Zavaleta Volio, sobrino de Alfredo y Jorge. La idea era que Fernández Güell, Joaquín Porras, Jeremías Garbanzo y Ricardo Rivera, tomaran el camino a Copey de Dota para que luego avanzaran hacia el sur y buscaran alguna forma de llegar a Panamá. En San Isidro de El General, lograron liberar a Carlos Sancho Jiménez (hermano del escritor Mario Sancho), que estaba preso en la comandancia local. El final de la historia ya se sabe. En Buenos Aires de Osa todos fueron asesinados por Patrocinio Araya.
Tras la muerte de Fernández Güell, su esposa se trasladó con sus tres hijos a España. Los tres hijos, el nacido en Estados Unidos, el nacido en México y el nacido en Barcelona, combatieron en la Guerra Civil Española en el bando Republicano. El menor, Luis, murió prisionero en Barcelona. Los otros dos, una vez terminado el conflicto, establecieron su residencia en Palma de Mayorca. 
Hoy, la figura de Fernández Güell es recordada más por su trágica muerte que por su activa vida. Se recuerda al patriota que murió asesinado, pero pocos conocen al poeta, novelista, periodista, ensayista, espiritista, viajero y cronista de la revolución mexicana. La avenida central de San José lleva su nombre, pero sus libros, en Costa Rica, no se consiguen.
INSC: 0747

2 comentarios:

  1. https://www.facebook.com/groups/manuelchinchilla/

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  2. Don Carlos, investigando sobre la difusión de la Filosofía Espiritista en América Latina, por encontrarme organizando un grupo de estudios filosóficos sobre el tema, para costarricenses, encontré su blog entre otras fuentes.
    Le agradezco muchísimo su ayuda al hallar en su texto, la dedicación para escribir sobre una persona tan noble como Don Rogelio, que en su ideal terminó asesinado.
    No dejo de ver la mano prudencial del Padre para retomar como filosofia de vida esta preciosa doctrina consoladora para muchos ticos.
    Podemos asegurar sí, la historia confirmará, que la las ideas espiritistas fueron sembradas en la tierra fecunda de nuestro país por manos generosas y bajo amparo celeste de Don Rogelio. Ahora otros continuaran la obra de esparcir la semilla del bien dejada con sangre, con voluntad de hierro, con la fuerza basada en la razón y la caridad, plantada por el Sr. Fernández Guell.
    Se desentrirra y brota fecunda como modelo para la conducta humana, especialmente en Costa Rica.

    Estamos en el segundo año de estudios de esta filosofía gracias a la fuerza desde el más allá de don Rogelio y los benefactores espirituales.
    Muchisimas gracias por su trabajo don Carlos. Por traer luz a los que tengan ojos de ver. Paz y Luz

    Ligia M M Montoya
    Proyecto Girasoles de Luz, Costa Rica-Brasil
    girasolesdeluz.crbr@gmail.com
    Santa Catarina, Brasil

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