Arbol criollo. Otto Jiménez Quirós. (En la portada aparece "Ocho-ji-kiros"). Editorial Irazú, 1964. Esta edición se conoce como "La recogida" porque fue retirada de las librerías. |
Aprovechando su familia, su temperamento y
sus talentos, en 1964 publicó el libro Árbol criollo, en el que retrató las
facetas más cómicas y absurdas de sus parientes, incluyendo a su abuelo el general, don Justo
Quirós; a su primo el arzobispo,
Monseñor Carlos Humberto Rodríguez Quirós; y a su otro primo que llegaría a ser Presidente
de la República, Daniel Oduber Quirós. El libro es una lectura sabrosa, divertida e
inocente, pero causó escándalo en su época, ya que sus parientes se tomaban muy
en serio su genealogía, rango y abolengo. Que uno de los suyos se burlara de
prácticamente todo el linaje y que, además, hiciera públicos secretos familiares
guardados bajo llave, no fue de su agrado. De hecho, la primera edición de
Árbol criollo, fue recogida de las librerías. Esa edición, hoy conocida precisamente
como "la recogida", se ha convertido en pieza de coleccionistas. Pero
como en Tiquicia no hay escándalo que dure tres días, en 1985 el libro fue reeditado
por la Editorial Costa Rica.
El Arzobispo Carlos Humberto Rodríguez Quirós y el Presidente de la República Daniel Oduber Quirós, fueron caricaturizados por su primo Otto Jiménez Quirós. |
Costa Rica se quedó con la boca abierta al
enterarse que a la abuelita del arzobispo y del futuro presidente, la habían casado a
la fuerza con su tío al que nunca quiso, mientras que al verdadero amor de su
vida lo tenían sujeto a un cepo llevando sol en el patio del cuartel. O que en
esa distinguida familia hubiera un miembro tan borracho que, cuando hizo un
buen negocio y se ganó una enorme cantidad de dinero, como él mismo sabía que
inevitablemente iba a acabar bebiéndosela, optó por comprar una cantina para
encerrarse en ella hasta dejarla seca.
En todo caso, el escándalo ya pasó. Para
un lector actual, los personajes ya no son identificables o, al menos, pertenecen ya a un pasado cada vez más remoto. Hechos a un lado el
chisme y el escándalo, en Árbol criollo descubrimos hoy una novela audaz,
atípica, vanguardista si se quiere, que con desenfado rompe cualquier
convencionalismo. Una novela escrita con prosa fluida, de ritmo alegre y de tono sonriente y
desenfadado. Tiene el mérito, además, de venir ilustrada con dibujos del propio autor.
Arbol Criollo. Otto Jiménez Quirós. Editorial Costa Rica, 1985. |
También, ironías que depara el tiempo,
para cualquier lector actual es evidente que la novela, más que una afrenta, es
un tributo a una familia que, por mantener su imagen respetable, se negaba a
reconocer lo divertida y simpática que era. La caricatura, no siempre es una
burla. Puede tener su origen incluso en la admiración. Habría sido una lástima
que todas esas sabrosas historias hubieran quedado solamente reservadas a los
parientes quienes, con tal no repetirlas, las habrían dejado desaparecer para
siempre.
Paía, el tío del autor que es el personaje
sobre cuyos flacos hombros se sostiene medio libro, es sencillamente
encantador. Flaco, solitario, hipocondriaco y paranoico, pasa por la vida lleno de fobias, ideas y creencias extrañas. Creía que lo que hacía daño a la salud no
era el tabaco, sino el fósforo y, por ello, cuando prendía sus cigarros lo
hacía manteniendo el fósforo alejado. Todas las mañanas, a las seis en punto
(siempre puntual aunque amaneciera lloviendo), llegaba a la casa del autor a
pedir una taza de café caliente, que nunca estaba tan caliente como él quería.
Cuando la empleada le traía el café, venía quemándose los dedos con el jarro.
Pero Paía, después de beberlo de un solo trago, decía: “Está frío”. A las nueve
de la mañana regresaba por la segunda taza del café del día. Sus instrucciones
eran claras: “Dame un café que pele.” La empleada se lo traía hirviendo y Paía,
después de tomárselo decía desilusionado: “Más helado que el de la mañana.” Al
mediodía, después del almuerzo, contaba la historia del terremoto de Cartago,
todos los días la misma historia, que solamente la escuchaban atentos aquellos
que la oían por primera vez, que eran cada vez menos. Como era hipocondriaco,
su tema de conversación favorito eran las enfermedades. “¿Cómo están los chiquitos?
¿Están enfermos?” Y al escuchar que no, que estaban bien, insistía: “¿No están
ni siquiera resfriados?” Y cuando le confirmaban que estaban totalmente
sanos, Paía daba por terminada la charla.
Aunque es comprensible el enojo de los
parientes por las indiscreciones de don Otto, también es comprensible la
valentía del autor al publicar su libro. Quien tuviera esa clase de tío, esa
clase de abuelos y esa clase de primos, si además tuviera la capacidad de escribir,
no podría aguantarse las ganas de inmortalizarlos en una obra literaria.
INSC: 2620
INSC: 2621
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Genial
ResponderBorrarConoci al Dr "Ochojiros" ,Otto Jimenez Quiros, familia de mi madre,porque en el Colegio de Medicos y Cirujanos,nos sentabamos a tomar el "guaro pelao" ,yo cafe negro y ambos gozamos de las "sufridas" de la familia Quiros por su desparpajo para tratar una pellido considerado de "alcurnia",que se remontaba a la época del Cid-Campeador ,salvador del cristianismo en españa junto a los Reyes Catolicos (segun los puristas) o al "palafrenero" del caballo del rey según el iconoclasta Dr Jimenez Quiros... Y se cuenta que las dos ediciones del libro fueron enviadas a comprar por (X),me reservo el nombre)...en afán de hacer desaparecer el libro que no se obtiene en plaza...
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